NUMERO 107 - marzo

Ciencia 


Muchos de los problemas a los que debemos enfrentarnos hoy dependen de la prolongación de la esperanza de vida. Y no hablo solamente de las pensiones de la jubilación. También la enorme migración procedente del Tercer Mundo hacia los países occidentales, se produce sin duda porque millones de personas esperan encontrar aquí comida, trabajo y todo lo que el cine y la televisión les promete,, pero también porque desean llegar a un mundo donde la vida es más larga, y escapar de otro donde se muere demasiado pronto.

Umberto Eco (2016)   De la estupidez a la locura – Crónica para el  futuro que nos espera

 

Es cierto que entre los siglos pasados y el actual hay un abismo en lo que un ser humano podía, entonces, y puede, ahora, vivir. La expectativa de vida se ha prolongado mucho. Y hablamos globalmente, generalizamos. No hay duda de que el descubrimiento de la penicilina, en las primeras décadas del siglo XX, produjo un cambio sustancial en la esperanza de vida; más adelante, la estreptomicina significó el primer embate contra el bacilo de Koch, una de las principales causas de muerte en los siglos pasados. Antes de esta era, se podía esperar que una persona viviera, con mucha suerte, hasta los cincuenta años. Tenemos múltiples ejemplos de personajes que apenas llegaron a los 30. Keats murió a los 25 de una tuberculosis, como mi abuelo materno a los 32; aunque hay una discusión acerca de la causa de muerte, Chopin a los 39, también de tuberculosis; el gran Baruj Spinoza tuvo un poco más de suerte, vivió hasta los 45; Descartes fue uno de los más longevos, algo así como 52. Mahler a los 50, de una probable endocarditis bacteriana. No se podía pedir mucho más. En los siglos pasados, las infecciones bacterianas, la tuberculosis y la sífilis iban a la cabeza de las causas de muerte.

El mayor aumento global de la esperanza de vida se ha dado en nuestro siglo. Según la OMS (2016) desde el año 2000 se han producido los avances más espectaculares en las expectativas de vida desde la década del 60 del siglo pasado. Pero, agrega, y esto debe de ser señalado, que más allá de las diferencias sexuales (sabemos que en el mundo entero viven más las mujeres que los varones) existen amplias desigualdades entre los diferentes países y, lo que es más grave, en el interior de un mismo país.

¿Se puede hablar entonces de una prolongación globalizada?

Quizás se pueda decir que de manera global ha aumentado en todo el mundo la esperanza de vida. Así es que el mayor aumento, según la OMS, se registró en la Región de África de la Organización Mundial de la Salud en la que “aumentó en 9, 4 años hasta llegar a los 60”. Las razones son las mejoras en la supervivencia infantil, la lucha contra la malaria y un mayor acceso a los antirretrovirales para el tratamiento del VIH. ¿Hay que celebrarlo aunque esto signifique sólo una esperanza de vida cercana a la que el mundo podía tener a comienzos del siglo XX? Sí, hay que celebrarlo porque sabemos que vivimos en un mundo profundamente desigual, y estos casi diez años más que vivirán los niños de esta Región de África, sin dudas, es una razón para la celebración, siempre y cuando no hagamos comparaciones.  Siempre que no recordemos que la esperanza de vida en gran parte del África Subsahariana es de apenas 55 años, lo que nos lleva a ratificar sin más que el aumento es global, pero profundamente desigual.

|¿Cuáles son los países con mayor expectativa de vida en el mundo? Japón va a la cabeza con un promedio de 84 años que es aún mayor para las mujeres; ellas cuentan con la posibilidad de vivir 87 años. A Japón, le siguen España, Suiza, Singapur e Italia con 85 años.

Un agregado que no necesita muchas explicaciones. Así como advertimos que en el mundo entero las mujeres tienen, en promedio, una esperanza mayor que los hombres, cabe aclarar que la diferencia varía según el ingreso per cápita: en los países de altos ingresos, la diferencia es de 6 años a favor de las mujeres, mientras que en los que tienen bajos ingresos, ésta diferencia se acorta a la mitad.

¿Y qué pasa en la Argentina?

Según los informes de la OMS de 2016, Argentina se encuentra en el décimo lugar entre los países americanos con mejor expectativa de vida, después de Canadá  (82,2), Chile (80,5), Costa Rica (79,6), Estados Unidos (79,3), Cuba (79,1), Panamá (77,8), Uruguay (77), México (76,7) y Antigua y Barbuda (76,4). Entre el año 2000 y el 2015 la esperanza de vida creció también cinco años en nuestro país como en el resto del mundo, siendo en 2016 de 76, 3 años; como se ve, está muy lejos de los 85 años de los países más ricos del mundo.

Otro dato interesante del informe, por sus implicancias, es la cantidad de años durante los cuales una persona se mantiene sana, en promedio, valor que se situó en los 63, 1 años para ambos sexos, en 2015. Sin embargo, existen diferencias entre mujeres y varones. Es así que la expectativa de tener buena salud es para las mujeres de 64,6 años, mientras que la de los hombres es 61,5.

La finalidad de este artículo no es mostrar estadísticas en sí mismas, sino advertir sobre una cuestión palmaria, ésta es, la desigualdad abismal entre regiones. Y más importante todavía en lo que se refiere a nuestro propio país.

Y, finalmente, demostrar que el uso espurio que hacen los gobiernos de la realidad tiene claros objetivos. La repetida frase “hoy se vive hasta los 90 años” no es otra cosa que una aberración discursiva destinada a engañar a la población. Como vimos, los japoneses son los que tienen el mayor promedio de vida, y son sólo 87 años; los argentinos estamos muy por debajo de esa cifra. Y ni hablar de las desigualdades en el interior del país. No es lo mismo vivir en un centro urbano, con fácil acceso a los servicios de salud, que en un barrio alejado donde la atención médica es escasa y, además, a las personas les cuesta dinero y tiempo concurrir a esos servicios; tampoco es lo mismo tener un alto o bajo poder adquisitivo; no es lo mismo tener educación que permite cambiar hábitos nocivos de vida que no tenerla. Son sólo algunas de las razones que desmienten la expectativa de vida dibujada. Y a esto hay que agregar que la edad jubilatoria de 60 años promedio tiene toda la lógica teniendo en cuenta de que, tal como vimos, la vida en salud está en el rango de los 60-64 años. El envejecimiento es, por ahora, un factor decisivo contra el cual no hay mucho para hacer.

           

 

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Amalia Pati es médica clínica y licenciada en letras. Colaboradora de la revista de Letras de la Facultad de Humanidades y Artes - UNR y coordinadora de esta edición. Obtuvo el segundo Premio en el Primer Concurso Municipal de Ensayo 2005 con el ensayo: La tuberculosis y sus “metáforas” en el siglo XIX y principios del siglo XX: un debate abierto. Correspondencia a: amaliapati2014@gmail.com