NUMERO 108 - mayo

Ensayo


“El secreto de mi gran éxito fue rodearme de personas mejores que yo”

                          Andrew Carnegie

Paradójicamente me voy a referir a lo opuesto del epígrafe.

Quizás todos nos hemos enfrentado con algún Procusto en algún momento de nuestras vidas. Percibo que cada día abundan más, al menos en entornos de trabajo, aunque estimo que en otros contextos también. Esta observación me llevó a buscar el origen del nombre.

¿Quién era Procusto?

Procusto, también conocido como Damastes, según la mitología griega, era uno de los hijos  del dios Poseidón. Este ser recibía en su hogar a los viajeros y les dispensaba una gran hospitalidad, con un trato amable y dispuesto, proponiéndoles pasar  la noche en su morada. Sin embargo, al dormirse los invitados, Procusto los amordazaba y comprobaba si su tamaño difería con el de la cama de hierro en la que los acostaba. En el caso de que la persona en cuestión sobrepasara el tamaño de la cama, Procusto procedía a cortar las partes  del cuerpo que sobresalían de ella. Si por el contrario, era de menor estatura, y no la ocupaba por  entero, le rompía los huesos con un mazo con el fin de estirarla.

La crueldad de Procusto llegó a su fin cuando Teseo, viendo que la cama del propio Procusto no coincidía con su tamaño, decidió aplicarle el mismo castigo que él proporcionaba a sus invitados, cortándole con un hacha sus pies y su cabeza.

El síndrome de Procusto, entonces, hace referencia a la tendencia que poseen algunas personas, empresas o sociedades, a rechazar a aquellos con características diferentes a las propias por temor a ser superados o cuestionados por ellos. Se tiende a mantener una uniformidad constante en la que las divergencias son mal vistas o castigadas.

Por lo general se da en personas con un alto nivel de frustración, que han sufrido vejaciones y diferentes eventos estresantes o traumáticos, lo que los lleva a dudar de sus propias capacidades y a percibir como aversivos a los individuos “superiores” a ellos, o con posibilidades de serlo. El síndrome es más evidente en el ámbito laboral. En este sector, el "Procusto" intentará que la persona que sobresale no lo logre, desacreditándola  y minusvalorando sus aportes o, incluso, adueñándose de ellos.

En algunos casos, en los que la persona que se siente amenazada (Procusto) tiene poder, puede no contratar ni promover a otras más eficientes, y elegir a los  más dominables y que suponen una menor amenaza. Con esta conducta se dificulta sobre todo el trabajo en equipo y se crea un clima de tensión claramente perjudicial para la salud, tanto de los sujetos implicados como de la Institución que representan.

Otros ámbitos en los que puede aparecer este síndrome, son los académicos, en la política y también en las relaciones personales tales como la familia, los amigos y las parejas, entre otros.

Es importante individualizar a estos Procustos que, en algunos casos, pueden estar enmascarados, para tomar recaudos frente a ellos.

 

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Jorgelina Presta es médica clínica y docente de la Cátedra de Clínica Médica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina. Es miembro estable del Comité Editorial del portal médico Clínica-UNR.org.