NUMERO 108 - mayo

Homenaje a Paco Maglio
Remembranza



“Envejecer es como escalar una gran montaña, mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena.”

                                                                                                 Ingmar Bergman

Paco Maglio [1] fue un gran maestro de la medicina y de la vida;  médico, antropólogo, filósofo y poeta, pero por sobre todo un hombre que poseía la humildad de los sabios.

Nos ha dejado muchas enseñanzas a  todos los médicos, especialmente a los clínicos  aficionados a sus conferencias, a sus charlas de café  y a la lectura de sus libros y escritos. Los que tuvimos la fortuna de conocerlo sentimos su ausencia, su simplicidad y su manera inexplicablemente clara de trasmitirnos sus conocimientos.

Dentro de los múltiples temas a los que hacía referencia en sus libros, en el libro  La dignidad del otro, se refirió a la  ancianidad y la diferenció de la vejez de la siguiente manera:

Etimológicamente, viejo viene de vetusto: lo que se desecha; mientras anciano viene de antiguo: lo que se guarda. Siguiendo este origen, es importante distinguir entre viejo y anciano desde la antropología cultural. Se empieza a ser viejo cuando se pierden tres capacidades: Amar, Sonreír  y Asombrarse. Por eso hay Jóvenes viejos. En cambio, se empieza a ser anciano cuando aparece la sabiduría: se tiene la capacidad de reflexionar sobre el sentido de la vida, y se asume la experiencia de lo vivido para encontrar un nuevo sentido y desarrollar nuevos proyectos.

Siguiendo con las diferencias: se es viejo cuando solo se tienen recuerdos, se es anciano mientras haya proyectos de vida; ser viejo es decir: “Todo tiempo pasado fue mejor”, y ser anciano es no defender lo viejo sólo porque es viejo y  no condenar lo nuevo solo porque es nuevo.

El filósofo suizo Henry Amiel dijo: “Saber cómo envejecer es la obra maestra de la sabiduría y uno de los capítulos más difíciles del sublime arte de vivir”.

De todas maneras, nunca es bueno generalizar. Hay que evitar el endiosamiento, porque no por ser anciano se es necesariamente sabio o bueno. Muchas veces los años aumentan la maldad y la ignorancia.

Los humanos tenemos dos condiciones para una ancianidad saludable: mantener lazos afectivos y una participación social activa. Lo que más necesita un anciano es que se lo quiera y lo que más lo enferma es la soledad y la discriminación.

Declaraba Claudia Cardinale: “No pienso operarme de las arrugas, sería borrar mis recuerdos”.

 

                                                          

 



[1] A una año de su muerte, el 17 de mayo de 2017, queremos recordar y hacerle un homenaje a Paco Maglio a través de este artículo de Jorgelina Presta. (Nota de la editora)

1

Jorgelina Presta es médica clínica y docente de la Cátedra de Clínica Médica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina. Es miembro estable del Comité Editorial del portal médico Clínica-UNR.org.