NUMERO 108 - mayo

Comentario sobre una novela


Ian McEwan es, sin exagerar, uno de los escritores más lúcidos e ingeniosos de nuestro tiempo. De origen inglés, cuenta con una numerosa obra y no pocos, y bien merecidos, premios. En el pasado hicimos un comentario sobre Amor perdurable, extraordinaria novela en la que a partir de una imagen que se parece en mucho a El globo aerostático de Francisco de Goya, crea una historia singular y deliciosa. No se puede negar el ingenio de Mc Ewan y la maestría con la que mezcla elementos humanos en Amor perdurable. La lectura de esta nueva novela, titulada Cáscara de nuez, publicada por primera vez en Londres en 2016, renueva el placer que prodiga su escritura. Una joya.

En la pluma de Mc Ewan conviven el amor y el odio, la pasión sexual y la traición, con la política y el thriller, en una conjunción armoniosa que tiene a lo largo de sus páginas un maravilloso y atrapante tono de comedia.

 En esta oportunidad, el autor abre la novela con un  fragmento de Hamlet que,  a modo de epígrafe, dice así: "Oh Dios podría estar encerrado en la cáscara de una nuez y sentirme rey del infinito espacio [...], de no ser porque tengo malos sueños ". Un comienzo relevante porque es un adelanto, una especie de guía para la lectura. Mc Ewan es un autor que nos tiene acostumbrados a la sorpresa, pero en Cáscara de nuez da una vuelta de tuerca que amerita una explicación acerca de este comienzo

Esta vez se trata de un narrador original: un feto omnisciente del principio al fin, quien está encerrado en esa "cáscara de nuez", que es el vientre de su madre, donde sufre, se indigna, se llena de felicidad y de orgullo en  otros momentos, odia y ama alternativamente a esa mujer que es responsable de sus "malos sueños". Pero no sólo es el único narrador, sino quien define su propio futuro, el de Trudy, su madre, y el de Claude, el siniestro personaje, su tío paterno y amante de su madre, quien trama el asesinato de su padre. Sabe tanto, encerrado en la “cáscara de nuez”, y tiene tal poder de decisión, que aniquila los planes de los amantes aunque eso signifique la cárcel para Trudy y para el mismo:

 

[...] Después de muchas vueltas, reconsideraciones, malentendidos, momentos de lucidez, tentativas de autodestrucción y lamentaciones por mi pasividad he tomado una decisión. Basta. Mi bolsa amniótica es el bolso de seda traslúcido, fino y fuerte, que me contiene. También contiene el líquido que me protege del mundo y de sus malos sueños. Más tiempo no. Es hora de añadirme. De resolver el final.

 

Lo que sigue es la lucha por salir al mundo y sentirse como Hamlet, "rey del infinito espacio". Y, en las últimas páginas, cuando comprendemos que no hay mucho más que esperar de la aventura amniótica, la poesía de un escritor maravilloso.

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Amalia Pati es médica clínica y licenciada en letras. Colaboradora de la revista de Letras de la Facultad de Humanidades y Artes - UNR y coordinadora de esta edición. Obtuvo el segundo Premio en el Primer Concurso Municipal de Ensayo 2005 con el ensayo: La tuberculosis y sus “metáforas” en el siglo XIX y principios del siglo XX: un debate abierto. Correspondencia a: amaliapati2014@gmail.com