NUMERO 109 - julio

Jorge Luis Borges


Comienzo este trabajo sobre J. L. Borges teniendo a mi lado sus Obras completas, (de 1923 a 1972,  varios libros sueltos y artículos recortados) editadas por Emecé en 1974. La razón es que fue parte de mi vida bucear en la vida y en la obra de Borges; interpretaciones y búsquedas para descifrar su universo ante una vida y una obra singulares, que nunca terminamos de conocer, como si sus letras se fundieran en el infinito.

 La literatura borgiana se caracteriza por un idealismo que lo llevará a escribir recurrentemente sobre mundos alejados de la realidad, para sumergirse en una actividad de la mente imbuida de sueños que aguardan al lector para que participe en la búsqueda de esa esencia escondida en enigmas y acertijos filosóficos.  Para entender su obra de gran imaginación y genio, es interesante ir hacia su vida y descubrir quién fue el escritor que logró consagrarse como uno de los más influyentes de la literatura de Hispanoamérica.

Poeta, ensayista, relator y traductor argentino del siglo. Nació en Buenos Aires en 1899, y murió en Ginebra en 1986. Desde los cuatro años supo que quedaría ciego como su padre, lo que marcó su constante lucha contra el tiempo. Comienza a escribir a los seis años; su primer relato, siguiendo las páginas del Quijote, fue La visera fatal. A los ocho años hizo su primera publicación: una traducción al inglés de El Príncipe feliz, de Oscar Wilde. A los catorce años, fallece su abuela y, entonces, su familia se muda a España. Allí escribe dos libros que nunca publicó, Los ritmos rojos y Los Naipes del Tahúr. Ya en el año 1921, se trasladan a Buenos Aires nuevamente, donde funda la Revista mural Prisma (de la que salieron dos números) y lanza su teoría del ultraísmo;  luego, siguió Proa,  con cuatro ediciones.

A los dieciocho años publica su primer libro de poemas, Fervor de Buenos Aires, que en la edición de 1969 prologa con una dedicación a su madre Leonor Acevedo de Borges:

Quiero dejar escrita una confesión que a un tiempo será intima y general, ya que las cosas que le ocurren a un hombre le ocurren a todos. Estoy hablando de algo ya remoto y perdido, los días de mi santo, los más antiguos. Yo recibía los regalos y yo pensaba que no era más que un chico y que no había hecho nada, absolutamente nada, para merecerlos. Por supuesto, nunca lo dije; la niñez es tímida. Desde entonces me has dado tantas cosas y los recuerdos. Padre, Norah, los abuelos, tu memoria y en ella la memoria de los mayores-los patios, los esclavos, el aguatero, la carga de los húsares del Perú y el oprobio de Rosas-tu prisión valerosa, cuando tantos hombres callábamos,… las compartidas claridades y sombras, tu fresca ancianidad, tu amor a Dickens … Madre, a vos misma….

 

Luego de esta introducción biográfica, enlazaremos tramos de su existencia con algunas de sus obras editadas, para lo que transcribiremos fragmentos de los prólogos agregados a las sucesivas reediciones.  Ellos reflejan el sentido de las mismas y su pensamiento.

Inquisiciones, de 1925, no se volvió a reeditar hasta 1994. Esta obra fue el primer libro de Borges escrito en prosa, y es considerado como uno de los mejores debido a cómo fluye el tema de la tradición hispánica clásica con la contemporánea, vinculada a la cultura anglosajona. Luego, vendrán Luna de enfrente y Cuaderno San Martín, 1929. Destaco el prólogo agregado en 1969 a Luna de enfrente, que comienza así:

 

Hacia 1905 Hermann Bahr decidió: rl único deber, ser moderno. Veintitantos años después yo me impuse también esa obligación del todo superflua. Ser moderno es ser contemporáneo, ser actual; todos fatalmente lo somos. Nadie fuera de cierto aventurero que soñó Wells –ha descubierto el arte de vivir en el futuro o en el pasado. No hay obra que no sea de su tiempo... …. Olvidadizo de que ya lo era, quise también ser argentino. Incurrí en la arriesgada adquisición de uno o dos diccionarios de argentinismos que me suministraron palabras que hoy puedo apenas descifrar: madrejón, espadaña, estaca, pampa…La ciudad de Fervor de Buenos Aires no deja nunca de ser intima. La de este volumen tiene algo de ostentoso y público. No quiero ser injusto con él. Una que otra composición – “El general Quiroga va en coche al muere”- posee acaso toda la vistosa belleza de una calcomanía; otras- “Manuscrito hallado en un libro de Joseph Conrad” -no deshonran, me permito afirmar, a quien las compuso. El hecho es que las siento ajenas; no me conciernen sus errores ni sus eventuales virtudes…o en su partes más destacadas que explican el sentido.

 

Cuaderno San Martín, 1929, cito parte de su prólogo:

He hablado mucho, he hablado demasiado, sobre la poesía como brusco don del Espíritu, sobre el pensamiento como una actividad de la mente; he visto en Verlaine el ejemplo de puro poeta lírico; en Emerson de poesía intelectual. Creo ahora que en todos los poetas que merecen ser releídos ambos elementos coexisten. ¿Como clasificar a Shakespeare o a Dante?.... Ante la indignación de la crítica, que no perdona que un autor se  arrepienta, escribo ahora “Fundación mítica de Buenos Aires” y no Fundación mitológica, ya que la última palabra sugiere macizas divinidades de mármol. Las dos piezas de “Muertes de Buenos Aires” - título que debo a Eduardo Gutiérrez-imperdonablemente exageran la connotación plebeya de la Chacarita y la connotación patricia de la Recoleta. Pienso que el énfasis de Isidoro Acevedo hubiera hecho sonreír a mi abuelo. Fuera de Llaneza, la noche que en el sur lo velaron es acaso el primer poema auténtico que escribí…

En 1930 publica el ensayo Evaristo Carriego. Ese mismo año, conoció a su gran amigo Adolfo Bioy Casares. Dice en el prólogo:

 Yo creí durante años, haberme criado en el suburbio de Buenos Aires, un suburbio de calles aventuradas y de ocasos  visibles. Lo que es cierto es que me crié en un jardín, detrás de una verja con lanzas, y en una biblioteca de ilimitados libros ingleses. Palermo del cuchillo y de la guitarra andaba (me aseguran) por las esquinas, pero quienes poblaron mis mañanas y dieron agradable horror a mis noches fueron el bucanero ciego de Stevenson, agonizando bajo las patas de los caballos, y el traidor que abandonó a su amigo en la luna, y el viajero del tiempo, que trajo del porvenir una flor marchita, y el genio encarcelado durante siglos en el cántaro salomónico, y el profeta velado del Jorasán, que detrás de las piedras y de la seda ocultaba la lepra. ¿Qué había, mientras tanto, del otro lado de la verja con lanzas? ¿Qué destinos vernáculos y violentos fueron cumpliéndose a unos pasos de mi, en el turbio almacén o en el azaroso baldío? ¿Cómo fue ese Palermo o como hubiera sido hermoso que fuera? A esas preguntas quiso contestar este libro menos documental que imaginativo.  Declara que el nombre de Evaristo Carriego pertenecerá a la ecclesia visibilis de nuestras letra, cuyas instituciones piadosas-cursos de declamación, antologías, historias de la literatura nacional-contarán definitivamente con él. Pienso también que pertenecerá a la más verdadera ecclesia invisibilis, a la dispersa comunidad de los justos, y que esa mejor inclusión no se deberá a la fracción de llanto de su palabra. …He considerado también – quizá con preferencia indebida -la realidad que se propuso imitar…

 

Seguiría Discusión, una recopilación de páginas que no precisan mayor elucidación. En él, habla de la cábala, de la poesía gauchesca y de los clásicos del cine. Sobre esta recopilación sostiene al final del breve prólogo:.. “Vida y muerte le han faltado a mi vida. De esa indigencia, mi laborioso amor, estas minucias. No sé si la disculpa del epígrafe me valdrá"

En 1935 se edita Historia Universal de la infamia. De esta obra quiero destacar dos relatos, El hombre de la esquina rosada y El atroz redentor Lazarus Morell.

Dice Borges en el prólogo a la Edición de 1954:

[...] yo diría que barroco es aquel estilo que deliberadamente agota o quiere agotar sus posibilidades y que linda con su propia caricatura. En vano quiso remedar Andrew Lang, hacia mil ochocientos ochenta y tantos, la Odisea de Pope; la obra ya era parodia y el parodista no pudo exagerar su tensión. Barroco es el nombre de uno de los modos del silogismo; el siglo XVIII  lo aplicó a determinados abusos de la arquitectura y de la pintura del XVII, yo diría que es barroca la etapa final de todo arte, cuando éste exhibe y dilapida sus medios. El barroquismo es intelectual y Bernard Shaw ha declarado que toda labor intelectual es humorística…ya el excesivo titulo de estas páginas proclama su naturaleza barroca. Atenuarlas, hubiera equivalido a destruirlas;...por ello, prefiero reimprimirlas al cabo de veinte años, tal cual… Son el irresponsable juego de un tímido que no se animó a escribir cuentos y que se distrajo en falsear y tergiversar (sin justificación estética alguna vez) ajenas historias. De estos ambiguos ejercicios pasó a la trabajosa composición de un cuento directo. Hombre de la esquina rosada, que firmó con el nombre de un abuelo de sus abuelos, Francisco Bustos, y que ha logrado un éxito singular y un poco misterioso. En su texto que es de entonación orillera, se notará que he intercalado algunas palabras cultas: vísceras, conversiones, etc, Lo hice porque el compadre aspira a la finura, o (esta razón excluye la otra pero es quizá la verdadera) porque los compadres son individuos y no hablan siempre como Compadre, que es una figura platónica. Los doctores del Gran vehículo enseñan que lo esencial del universo es la vacuidad. Tienen plena razón en lo referente a esa minima parte del universo que es este libro. Patíbulos y piratas lo pueblan y la palabra infamia aturde en el título, bajo los tumultos no hay nada. No es otra cosa que apariencia, que una superficie de imágnes; por eso mismo puede acaso agradar. El hombre que lo ejecutó era asaz desdichado, pero se entretuvo escribiéndolo; Ojalá algún reflejo de aquel placer alcance a los lectores.

|          

Historia de la eternidad, 1936. En el ensayo que da título al libro, y que viene complementado por dos más, La doctrina de los ciclos y El tiempo circular, el autor diserta acerca del tiempo y de la eternidad desde el punto de vista filosófico.

Cito un fragmento del prólogo:

[…] El movimiento, ocupación de sitios distintos en instantes distintos, es inconcebible sin tiempo; asimismo lo es la inmovilidad, ocupación de un mismo lugar en distintos puntos del tiempo. ¿Cómo pude no sentir que la eternidad, anhelada con amor por tantos poetas, es un artificio espléndido que nos libra, siquiera de manera fugaz, de la intolerable opresión de lo sucesivo?

.

 

 

1

((*) Marta Macias, reside en La Plata, oriunda de Tres Arroyos. Es profesional del derecho y poeta: Ha publicado poemarios, ensayos, notas, ponencias en Simposios internacionales. Ganó el Premio Consagración Roberto Themis Speroni, en 1992, por su libro Fabularia.(SEP) y el Primer Premio en el Certamen Literario Poeme, organizado por la Empresa francesa Lancome, por su poema Madre traducido a varios idiomas entre otras actividades con la música y la pintura. Es actualmente Presidente en la Sociedad de escritores de la Pcia. de Bs.Aires realizando una importante tarea de gestión. Intervino en numerosas oportunidades en la Feria del Libro del autor al Lector que se realiza anualmente en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.