NUMERO 109 - julio

Artículo de opinión sobre la medicina actual



En los últimos años se evidencia un gran crecimiento técnico y científico que resulta de gran utilidad para la medicina. Sin embargo, también se objetiva un detrimento en la calidad de atención en lo que respecta a la dedicación de tiempo, a la escucha atenta y al examen físico. Lo que se observa es un desequilibrio entre el desarrollo científico y emocional, que repercute de manera negativa en la población atendida.

No parece ser que el desequilibrio sea consecuencia del importante desarrollo científico, sino más bien de la falta de entusiasmo por parte de los médicos para permanecer un tiempo prudencial con el enfermo. Las razones pueden ser múltiples: sobrecarga laboral, burnout, déficit remunerativo, multitasking, ausencia de empatía o bien una personalidad no acorde con  la profesión  o con la especialidad elegida.

En este sentido, he recopilado algunas frases que repiten con frecuencia los pacientes, y que dejan al descubierto ciertas prácticas (no realizadas) de la medicina actual y a nosotros, los médicos:

El doctor no me miraba a los ojos, solo miraba su computadora, escribía y miraba su celular”

“La doctora no me revisó, ni siquiera me tomo el pulso; me dijo que me haga este electro y que volviera”

“El doctor no me explicó nada; me dijo que tomara esta pastilla durante quince días y me derivó a otro médico”

“El doctor no me preguntó qué remedios tomaba y, cuando quise comentarle, me respondió: -bueno, bueno, pero ahora, ¿qué lo trae por aquí? ¿por qué lo manda su doctora??

“Qué raro!  la doctora nunca me toma la presión, y sabe que tomo remedios para la presión alta.”

“Quise contarle al doctor mi historia y desde cuándo empecé con este problema, mostrarle todos mis estudios, pero me interrumpió con un “no hace falta, repetimos todo y listo!”

“El doctor me dijo que no fumara más, que no tomara pastillas para dormir, que no comiera grasa, que no tomara nada de alcohol, pero todo junto no puedo, y tampoco me explicó cómo lograrlo”

“El doctor me dijo que volviera cuando bajara  veinte kilos, si no, que no me quería ver más”

“La doctora me dijo que descansara a la hora de la siesta, y que comiera a horario, pero ella estaba apurada y no me dejó contarle que soy el único sostén de la casa, y aunque jubilada, debo seguir trabajando”

“Fui cuatro veces a verlo al doctor, y ayer me sorprendió cuando me dijo: ¿Es la primera vez que te veo, no?”.

“Me sacaron tres veces sangre, porque me pidieron análisis, con quince días de diferencia, el endocrinólogo, la nutricionista y el médico de cabecera. El bioquímico me dijo que era todo lo mismo!”

Falta de comunicación entre los colegas, falta de coordinación, de atención, desinterés y, sobre todo, falta de vehemencia a la hora de realizar nuestro trabajo, es lo que lleva a los comentarios de los pacientes.

Afortunadamente, aunque en minoría, existen colegas que se ponen al lado y del lado del paciente, que escuchan, que miran a los ojos, que respetan los silencios, que revisan, que explican clara y genuinamente, tranquilizando al paciente, logrando excelentes resultados.

Por supuesto, este escrito no viene  a aportar ningún descubrimiento; solo intenta llamar a la reflexión: muchas veces es la actitud, la presencia, el verdadero interés por el otro, el conocimiento bien aplicado y en especial, y simplemente, la pasión puesta día a día en esta maravillosa tarea de ser médicos.

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Jorgelina Presta es médica clínica y docente de la Cátedra de Clínica Médica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina. Es miembro estable del Comité Editorial del portal médico Clínica-UNR.org.