Año 2

Nº 16

Mayo 2008  
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Nombres en la historia - Nº 3
El tórax a modo de tonel: el “invento nuevo” de Auenbrugger
Por  Mauro Tortolo (*) y Diego Bértola (**)
 


Josef Leopold Auenbrugger
(1722-1809)

 
 
 

El internista austríaco Josef Leopold Auenbrugger (1722-1809), era hijo de un bodeguero de la ciudad de Gratz, provincia de Styria, en Austria. Acompañó a su padre en sus labores, y junto a él adquirió la habilidad para verificar, mediante la percusión, el nivel del vino en los enormes barriles de la bodega. Recibió educación médica en la Universidad de Viena, la que por esos años gozaba de prestigio internacional  gracias a las reformas introducidas por Gerhard van Swieten (1700-1772), discípulo prodigio del notable médico holandés Hermann Boerhaave. Auenbrugger egresó de la universidad el 18 de noviembre de 1752 e influenciado por Van Swieten, comenzó su trabajo como voluntario en el Hospital Español de Viena.

 

¿Cuál fue el día en que Auenbrugger, ya médico, comenzó a practicar en el tórax de sus pacientes la misma percusión que cuando niño realizaba en los toneles de la bodega de su padre?  No podemos precisarlo con exactitud, pero se cree que fue en 1754 cuando concibió el método de la percusión torácica, buscando poder juzgar la condición de los órganos alojados en el tórax en base al sonido percibido luego de percutirlo. Durante siete años, observó los cambios de tono causados por las enfermedades pulmonares y cardíacas de los pacientes del Hospital, verificando sus  hallazgos con disecciones y necropsias.

 

Auenbrugger publicó en 1761, - en Viena - las conclusiones extraídas de su método, en un libro escrito en latín con el título Inventum novum ex percussione thoracis humani ut signo abstrusos interni pectoris morbos detegendi, es decir, Nuevo invento que permite detectar enfermedades ocultas en el tórax a través de la percusión torácica. En esta obra explicó cómo cuando se percute el pecho de alguien sano, el sonido será similar al de un tambor. Diferenció la resonancia a hueco de los pulmones normales de otro sonido más lleno, sin resonancia, al que llamó “sonido a muslo”, por su similitud  con el que se obtiene al percutir la masa muscular (sonido sordo o mate). “Si interrogáis los pulmones de un hombre que parece haberse curado de la tisis y el lenguaje que os habla el tamborileo es el que daría el muslo, no dudéis que el enfermo adelgazará, se consumirá y no tendrá remedio”, aseguraba. Asimismo, postuló que las enfermedades que forman cavidades aumentan el tono del sonido percibido (sonido timpánico).

Si bien este libro de 95 páginas es aún hoy uno de los clásicos de la literatura médica, la nueva técnica semiológica no fue rápidamente aceptada. Los hallazgos de Auenbrugger pasaron casi desapercibidos por más de cuarenta años.

Van Swieten ignoró el nuevo método creado por su discípulo, sin mencionarlo jamás en sus trabajos. Fue, en cambio, Maximilian Stoll (1742-1788), por entonces director del servicio de clínica médica del Hospital Español de Viena, quien utilizó el método y lo elogió en uno de sus libros. Por el contrario, otros se burlaron de sus hallazgos y calificaron la técnica como una pérdida de tiempo.

 

Muy lentamente, y a duras penas, los internistas de Viena comenzaron a utilizar la percusión, y fue el anatomista Johann Ludwig Gasser (1723-1765) el primero en tomar en serio la novedosa técnica, realizándola en cadáveres y comprobando los resultados con necropsias. Desafortunadamente, Gasser murió antes de poder publicar sus resultados.

Luego de años de elogios y detracciones, Jean-Nicolas Corvisart, el médico de Napoleón, gracias a su prestigio y renombre, logró hacer mundialmente conocida la técnica de percusión. Leyendo los libros de Stoll, encontró referencias de la técnica sobre la que investigó durante años mientras, también, la enseñaba a sus alumnos. Una vez que comprobó la utilidad de la técnica de percusión, Corvisart publicó, en francés, una reelaboración de la obra de Auenbrugger con comentarios propios del Inventum Novum. Supo decir, demostrando su honestidad que“habría podido elevarme a la condición de autor publicando una obra sobre la percusión, pero haciendo esto, sacrificaría el nombre de Auenbrugger a mi propia vanidad”. La obra del médico del Emperador fue publicada en 1808, un año antes de la muerte del mismo Auenbrugger.

Desde entonces, aún en estos tiempos de sofisticadas técnicas complementarias, la percusión sigue siendo parte de la aproximación clínica inicial al enfermo y uno de los pilares semiológicos más orientadores.

 

Curiosidades acerca del padre de la percusión

 

Auenbrugger era además un  músico destacado. Compuso, a pedido de la emperatriz María Teresa, una ópera titulada El deshollinador.

 

Unos meses después de publicar su Inventum Novum describió, en otro escrito, la enfermedad pulmonar de los trabajadores de las canteras de piedra.

 

En un libro publicado en 1776, sugiere tratar la manía con alcanfor, administrado cada 2 horas hasta provocar convulsiones. Sentó de esta forma la base de lo que años después sería la terapia electroconvulsiva.. (Experimentum nascens de remedio specifico sub signo specifico in mania virorum.)

 

Existe un epónimo asociado a su nombre, el “signo de Auenbrugger”: abultamiento de la región epigástrica en casos de derrame pericárdico masivo.

 

 
 

 

(*) Mauro Tortolo es médico y miembro estable del consejo editorial de este suplemento.


Correspondencia a:
maurojt@hotmail.com

 

 

(**) Diego Bértola es Médico Residente de Clínica Médica del Hospital Provincial del Centenario, Rosario, Argentina.


Correspondencia a:
diegoabertola@gmail.com

 
 
 
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