Año 2

Nº 18

Julio 2008  
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Un amor especial: el amor cortés
Por Amalia Pati (*)
 

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[...] las descripciones literarias, idealizadas y mitificadoras del amor, no eligen casualmente sus temas y sus ideas determinantes, sino que al hacerlo reaccionan frente a la sociedad de la época y a sus tendencias transformadoras y evolutivas; [...] En cualquier tiempo, la semántica del amor está en condiciones de abrirnos la puerta para acceder a la comprensión de las relaciones existentes entre los medios de comunicación y las estructuras de la sociedad.

Niklas Luhmann (1)

El amor como pasión

 

Últimamente el amor parece estar en todas partes: en las revistas de divulgación, en las   científicas, en los diarios, en la radio, en todos los sitios de Internet, pero menos en el corazón de los humanos. Es nada más que una palabra. Nunca nos ocupamos tanto de un tópico como cuando éste falta. ¿Falta?

Como ejemplo de esta proliferación, debo decir que escribí este artículo estimulada por otro proveniente de Página 12 que, a su vez, leí en Intramed. El artículo en cuestión, llevaba el título de “¿El tabú que habitaba en el sexo se ha desplazado hacia el amor?”, que habla, por cierto, de esta carencia. Reconozco que no alcancé a comprenderlo, en especial porque toma como hito, para la comparación con el amor actual, al amor cortés; habría en asuntos de amor - según las propias palabras de quien escribe – algo precortés y algo postcortés. Aquí comienza mi propia confusión porque el amor cortés es una clase de amor muy particular que nace y se desarrolla en un tiempo definido, en un lugar muy preciso y una clase social única. Sin embargo, y como creo que se necesita la solvencia de la sociología y sus disciplinas afines para explicar qué pasa en la actualidad con este sentimiento, dónde se esconde aquel amor que antaño destrozaba corazones, creí que podía ser una oportunidad para describir algunas de las particularidades – que las tiene – de esta clase de amor que fue el amor cortés.

 

¿A qué se llama amor cortés?. A una forma de amar que se originó, en el siglo XII, en el sur de Francia. Sí, en un lugar acotado, la Provenza, separado del norte no sólo por el nivel cultural sino también por la lengua: la langued’oc en el sur y la langue d’oil en el norte. Así el Mediodía de Francia, ve florecer un sentimiento – y una literatura - en un ambiente de paz y prosperidad, en contacto permanente con lo más sofisticado de la sociedad árabe de la España morisca. Nace ahí y, luego, se expande, durante el resto de la Edad Media, a través de Europa Occidental. Es, como su nombre lo anuncia, un amor limitado a las cortes de Aquitaine, Auvergne y Poitou donde los trovadores, mezcla de poetas, músicos y cantores, le cantaban a la dama que era objeto de su amor.

 

Para el amor cortés, y esto es lo más peculiar, la mujer era dueña y señora, y el hombre un “servidor”; hay entere ellos un “vasallaje amoroso”, - como el que hay entre el señor feudal y sus vasallos - el donnoi, en el que los amantes quedan ligados por las reglas de la cortezía que incluye el secreto, la paciencia y la mesura. La mayoría de las veces, es un amor adúltero que sólo puede darse fuera del matrimonio y, con frecuencia, la dama podía ser la esposa del soberano. Así lo describe Denis De Rougemont, un estudioso del amor en Occidente: “El poeta conquista a su dama por la belleza de su homenaje musical. Le jura de rodillas una fidelidad eterna, como se hace con un soberano. En prenda de amor, la dama entregaba a su poeta paladín un anillo de oro, le permitía que se levantara y le depositaba en la frente un beso”.

La poesía del trovador celebra su amor en términos casi religiosos – la religión del amor . en el que la mujer amada es venerada como un objeto sagrado, digna del mayor de los respetos y admiración, poniendo el énfasis en los tormentos del amor.

 

Parte de la crítica ha considerado a esta clase de amor como un amor puramente espiritual, en el que se unen dos almas, mientras otros consideran que lleva un goce erótico implícito aunque en muchos casos no se concrete la relación carnal.

El amor cortés tiene reglas y un código prácticamente inviolable. A fines del siglo XII, Andreas Capellanus, un capellán de una casa real, quien al parecer reinterpretó el Ars Amandi de Ovidio, escribió, en latín, un tratado con el título De Arte Honesti Amandi, donde reúne los preceptos del amor cortés. En el libro se deja en claro que la libertad amorosa se contrapone a la obligatoriedad del matrimonio, así como que el amor que se obtiene fácilmente es de escaso valor mientras la dificultad en obtenerlo lo hace más apetecible y más valioso. Hay siempre un obstáculo entre los amantes, y también deben estar presentes esos síntomas propios de los enamorados como son la palidez súbita del rostro y las palpitaciones en la presencia de su amante. El amor se incrementa por los celos, y el amante atormentado por los celos no puede ni siquiera dormir ni alimentarse lo suficiente. Estos son sólo algunas de las numerosas reglas del amor que dadas sus características definen a un amor extramarital y apasionado, que se sufre más que se goza. Puede terminar, como en el mito de Tristán e Isolda, con la muerte de los amantes que la ansían para paliar el dolor de la separación.

 

Tal vez  Chrétien de Troyes, autor de Lancelot, uno de los romances más conocidos, nos explique mejor que nadie el sentimiento amoroso:

Mi mal difiere de todos los otros; me place; me regocija; mi mal es lo que quiero y mi dolor es mi salud. Por eso, no veo de qué me quejo, pues mi mal procede de mi voluntad; mi querer se convierte en mi mal; pero me complace tanto querer así que sufro agradablemente, y siento tanta alegría en mi dolor que estoy enfermo con delicia.

Lo más sorprenderte de este amor es que invierte, de manera revolucionaria, el lugar de la mujer en la sociedad medieval: de no tener ningún poder dentro del régimen feudal, pasa a ser quien tiene una posición completamente dominante sobre sus amantes. El poeta, aunque en la vida fuera un gran lord, es el siervo, el suplicante de la mujer amada.

La poesía delos trovadores exalta el amor desdichado; no es el amor feliz, colmado, sino el amor perpetuamente insatisfecho.

 

La pregunta que se hacen los estudiosos es de dónde proviene esta concepción del amor tan contraria a las costumbres y a la posición de la mujer en la sociedad. No hay acuerdo, pero una de las hipótesis más trasgresoras es la que sostiene que proviene de la atmósfera religiosa que, para la misma época, invade las provincias de Languedoc, Catalunya y Renania, ésta es, la herejía de los cátaros.  En este sentido, De Rougemont sostiene que sería imposible que la herejía cátara y el amor cortesano fueran dos eventos independientes porque ambos se desarrollan simultáneamente en el tiempo (siglo XII) y en el espacio (el Mediodía de Francia). Las tesis de los romanistas, en cambio, aseguran que no hay nada en común entre “los negros cátaros, cuyo ascetismo obligaba a evitar todo contacto con el otro sexo, y esos trovadores alegres y alocados, que cantaban al amor, a la primavera, al alba, a los jardines floridos y a la dama”. (2)

 

El amor cortés y su retórica, nacidos en el sur de Francia, repercutieron hondamente en la narrativa bretona del norte. Lancelot, Tristán y todo el ciclo del Rey Arturo son una transposición extraordinaria del estilo y la doctrina del amor cortesano.

 

Si como dice el artículo que cito al comienzo, es “el hombre el que se encuentra más afectado, quien padece la anestesia amorosa”, es él quien “se amordaza antes de confesar su sentir por una mujer”, el amor actual, sería la antítesis perfecta del amor cortés.

¿Falta? ¿O será que tiene las características propias de una época veloz, sin “obstáculos”, de satisfacción inmediata y, por lo mismo, de rápido agotamiento?. Se lo dejo a los sociólogos.

 

 


Notas

(1) Barcelona: Península; 1985.

(2)Para mayor información sobre la herejía cátara y otras tesis sobre el amor cortés, véase Denis De Rougemont; El amor y occidente; Buenos Aires: Sur; 1959.

 



Bibliografía

DE ROUGEMONT, Denis; El amor y Occidente; Buenos Aires: Sur; 1959.

HOPKINS, Andrea; The Book of Courtly Love – The Passionate Code of the Troubadours; Harper San Francisco; 1994.

LUHMANN, Niklas; El amor como pasión; Barcelona: Península; 1985.
 

 
 

  (*) Amalia Pati es médica clínica y licenciada en letras.
Colaboradora de la revista de Letras de la Facultad de Humanidades y Artes - UNR y coordinadora de esta edición.
Obtuvo el segundo Premio en el Primer Concurso Municipal de Ensayo 2005 con el ensayo: La tuberculosis y sus “metáforas” en el siglo XIX y principios del siglo XX: un debate abierto.

Correspondencia a:
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