Año 3

Nº 27

Abril 2009  
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Acerca de la violencia
Por  Alcides A. Greca (*)
 


 

 
 
 

            El primer hecho violento del que se tenga registro imaginario, pero registro al fin, es el Big Bang. Y allí comenzó todo, al menos, hasta donde alcanzamos a comprender. Formación y desintegración de constelaciones y galaxias, planetas y estrellas, están siempre envueltas, en el espacio cósmico, en violaciones del orden (ilusorio) que rige el Universo y sujetas permanentemente al caos, es decir, a la posibilidad fortuita de que una situación nueva e inesperada rompa el equilibrio (supuesto) y cambie el curso de los acontecimientos. La violencia es muy anterior a nuestro planeta y, va de suyo, a nuestra especie. Plegamientos de cordilleras,  glaciaciones, sismos, huracanes y maremotos han dado, desde siempre, su fisonomía a nuestra Tierra, y su violencia tempestuosa, sólo a veces y muy transitoriamente, logra disimularse tras la calma y la belleza de un paisaje otoñal. Atribuir la violencia al ser humano, resulta cuando menos una inexactitud y una injusticia, y yendo un poco más lejos, una superficialidad.

            Todos los animales violentan la paz de otro, y lo destruyen para alimentarse, para mantener el equilibrio ecológico o para dar escape a su agresividad natural. Nadie podría reprocharles nada. Los comportamientos de los animales no están sujetos a ninguna valoración ética. Sólo el ser humano, temeroso de su finitud, fantaseando con posibles premios y castigos en una hipotética vida más allá de la vida, le da sentido moral a sus comportamientos y así, éstos devienen en conductas. Su violencia, como la de sus predecesores primates, permanece intacta, pero como es el único ser que puede reflexionar sobre esto, se civiliza, adquiere una cultura y hace lo posible para hacer de la violencia un cauce más o menos controlable y predecible.

            Lo que hace diferente a una horda salvaje de una sociedad civilizada, es que ésta última se impone reglas y normas que todos sus integrantes se comprometen a cumplir. La institución estado, supraestructura que sobrevuela y regula las relaciones entre los seres humanos, se reserva en exclusividad el uso de la fuerza, y reprime con severidad a quienes transgreden sus normativas y se erigen por encima de la ley.

            Atribuir a cuestiones económicas y/o a desigualdades sociales, la génesis de la violencia significa dejar de lado la secuencia histórica. La violencia estaba desde antes, constituyendo a la especie y presta a aflorar con ferocidad ante el más mínimo resquicio entreabierto. Ante cualquier desequilibrio de poder o ante la posibilidad de imponer un ideario supuestamente revolucionario a los demás, el hombre no titubea en matar sin piedad.

            Resulta una utopía pretender erradicar o prevenir la violencia. A lo único que podemos aspirar es a encauzarla, a acotarla o, en cierta forma, a minimizar sus daños. Apegarse a las normas parece un mandato ineludible de la civilización. Relajarlas, abolirlas o soslayar su vigencia, resulta una apuesta demasiado peligrosa. La anomia consecuente sólo sirve para dar rienda suelta al pitecántropo que permanece adormecido, pero siempre dispuesto a despertar, en cada uno de nosotros.

 

 
 

  (*) Alcides A. Greca es Profesor Titular de la 1º Cátedra de Clínica Médica y Terapéutica, director de la Carrera Universitaria de Postgrado de Especialización en Clínica Médica, Universidad Nacional de Rosario, y Jefe del Servicio de Clínica Médica del Hospital Provincial del Centenario. Dirige el portal médico Clínica-UNR.org y este suplemento.

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