Año 3

Nº 29

Junio 2009  
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El síndrome de Wolff Parkinson White y la piedra del Nilo
Por  Amalia Pati (*)
 





 

 
 
 

Una metáfora relaciona, básicamente, una cosa con otra. Si bien esta figura retórica, la más común de todas, es una figura literaria utilizada primordialmente en la poesía, la medicina, e incluso el habla común, está llena de metáforas. Basta con recordar, como ejemplo de su uso difundido, la encendida polémica de Susan Sontag contra el uso de metáforas para hablar de enfermedades. Que una enfermedad neoplásica invade o que la medicina cuenta con un arsenal terapéutico, ambas metáforas militares, son fáciles de comprender y resultan familiares. Sin embargo, no siempre es así. Tal vez por desconocimiento, comprender por qué alguien dijo que el Síndrome de Wolff Parkinson White es “la piedra Rosetta de la electrocardiografía” requiere, por lo menos, saber qué cosa es la piedra Rosetta, y a qué se debe la metáfora.

 

El Síndrome de WPW, que lleva el nombre de sus autores, entendido como aquel trastorno del ritmo en el que existe preexcitación ventricular y paroxismos de taquiarritmia, fue descripto por primera vez, en 1930, por Wolff y colaboradores, en el American Heart Journal, y fue N. T. James quien, años después, lo comparó con la piedra del Nilo.

 

La piedra  fue descubierta, en 1799, en el delta del Nilo, en la vieja ciudad portuaria que le dio el nombre y que hoy se llama Rashid; esa piedra que, por los avatares de la Historia, se encuentra, en la actualidad, en el Museo Británico en Londres, es nada más y nada menos que el elemento que permitió descifrar el sistema jeroglífico de escritura. Se cree que fue encontrada, durante la expedición de Napoleón a Egipto, por el lugarteniente francés Pierre François Xavier Bouchard, mientras trabajaba en el fuerte de San Julián, muy cerca de la ciudad de Rosetta; sin dudas, uno de esos descubrimientos inesperados que se convierten, a posteriori, en hitos destacados de la Historia. La Rosetta data del año 196 d. C, es de basalto, color gris oscuro rosado, pesa 762 kgs. y contiene el grabado de los decretos del concejo de sacerdotes de Egipto.

 

En 1822, el joven y destacado investigador Jean François Champollion, produjo un adelanto fundamental en el desciframiento de la escritura jeroglífica al identificar los nombres de los faraones Ramsés y Thutmose. Champollion aseguraba que los jeroglíficos constituían una escritura con elementos pictóricos, simbólicos y fonéticos en el mismo texto, en la misma frase e incluso dentro de la misma palabra.

¿Por qué James comparó el fabuloso hallazgo de la piedra con el Sme. de Wolff Parkinson White?

Precisamente porque antes del descubrimiento de Wolff, interpretar el fenómeno que lo desencadenaba era semejante a leer los caracteres jeroglíficos. La comprensión fisiopatológica y el diagnóstico clínico, eran imposibles. El trabajo de Wolff y sus colaboradores, en las primeras décadas del siglo XX, abrió los ojos de los electrofisiólogos del mundo a la correcta patogenia de estos trastornos del ritmo que, más tarde, James comparó con el desciframiento de la escritura jeroglífica llevado a cabo por Champollion con el auxilio de la piedra Rosetta.

Paralelamente, el síndrome de Wolff Parkinson White tiene, como la piedra, su representación material. Es así que, en honor al famoso cardiólogo holandés Dirk Durrer, quien estableció las consecuencias clínicas resultantes del descubrimiento del síndrome, se construyó, en 1985, en Ámsterdam, en un lugar muy cercano al departamento donde vivía el profesor, un monumento que lleva su nombre y que consta de una escultura metálica minimalista que simboliza la conducción atrioventricular dual y da, a través de su forma que se puede visualizar en la iamgen, una impresión del fenómeno de re-entrada que causa el trastorno del ritmo.

Vale la pena decir que, desde el nacimiento de la metáfora de James, es muy común que se la utilice para cualquier evento significativo que permita la comprensión de un fenómeno determinado. Es siempre algo muy importante, como la piedra Rosetta para la escritura jeroglífica.

 
 

  (*) Amalia Pati es médica clínica y licenciada en letras.
Colaboradora de la revista de Letras de la Facultad de Humanidades y Artes - UNR y coordinadora de esta edición.
Obtuvo el segundo Premio en el Primer Concurso Municipal de Ensayo 2005 con el ensayo: La tuberculosis y sus “metáforas” en el siglo XIX y principios del siglo XX: un debate abierto.

Correspondencia a:
pastoritap@yahoo.com.ar
 
 
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