Año 3

Nº 35

Diciembre 2009  
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Fragmento destacado
Marguerite Yourcenar
Por Amalia Pati (*)
 


 

 
 
 

-          Usted condena el principio de la democracia

 

-          Condeno la ignorancia que reina tanto en las democracias como en los regímenes totalitarios. Esta ignorancia es tan grande, tan total, que pareciera deseada por el sistema, sino por el régimen. He reflexionado con frecuencia acerca de lo que podría ser la educación del niño. Pienso que se necesitarían estudios básicos muy simples, en los que el niño aprendería que vive, en el seno del universo, sobre un planeta cuyos recursos deberá cuidar más tarde, que depende del aire, del agua, de todos los seres vivientes, y que el menor error o la menor violencia, pueden destruirlo todo. Aprendería que los hombres se han matado entre sí en guerras que sólo han producido otras guerras, y que cada país acomoda su historia, falsamente, para halagar su orgullo. Se le enseñaría lo suficiente del pasado para que se sienta ligado a los hombres que lo han precedido, para que los admire cuando lo merezcan, sin hacer de ellos unos ídolos, como tampoco del presente o de un hipotético porvenir. Se intentaría familiarizarlo a la vez con los libros y las cosas; sabría el nombre de las plantas, conocería a los animales, sin hacer esas odiosas vivisecciones impuestas a los niños y a los adolescentes con el pretexto del estudio de la biología; aprendería a dar los primeros auxilios a los heridos; su educación sexual comprendería su presencia en un parto, su educación mental la vista de enfermos graves y de muertos. Se le darían también simples lecciones de moral, sin las cuales la vida en sociedad es imposible […]. En materia de religión no se le pondría ningún práctica o ningún dogma, pero se le diría algo respecto de todas las grandes religiones del mundo […] para despertar su respeto y destruir por adelantado ciertos prejuicios odiosos. Se le enseñaría a amar el trabajo cuando el trabajo es útil, y a no dejarse engañar por la impostura publicitaria, comenzando por la que le pondera golosinas más o menos adulteradas, que le preparan futuras caries y diabetes. Hay ciertamente un medio de hablar a los niños de cosas en verdad importantes, y más pronto de lo que se lo hace.

 

Marguerite Yourcenar (1980)

Marguerite Yourcenar Con los ojos abiertos

 
 

  (*) Amalia Pati es médica clínica y licenciada en letras.
Colaboradora de la revista de Letras de la Facultad de Humanidades y Artes - UNR y coordinadora de esta edición.
Obtuvo el segundo Premio en el Primer Concurso Municipal de Ensayo 2005 con el ensayo: La tuberculosis y sus “metáforas” en el siglo XIX y principios del siglo XX: un debate abierto.

Correspondencia a:
pastoritap@yahoo.com.ar
 
 
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