Cuestión de género

 
 
Actitud frente al desempleo y la jubilación

Por Jorgelina Presta (*)

 
 

 

 
 
 

Cuando hablamos de género no nos referimos simplemente a las mujeres o a los hombres propiamente dichos, y ni siquiera a las diferencias biológicas por todos conocidas, sino a la forma en que sus cualidades, conductas e identidades se encuentran determinadas por el proceso de socialización.

Las posiciones diferentes entre hombres y mujeres se ven influenciadas por realidades históricas, religiosas, económicas y culturales, de lo que se deduce que son situaciones dinámicas y cambiantes a través del tiempo.

Quiero referirme, en este artículo, a la actitud que presentan los hombres versus las mujeres frente al desempleo y la jubilación. Si bien hay variables intervinientes que influyen (edad, estado civil, posición social, capacidad física y mental, posición dentro de la familia, entre otras), desde lo observacional se puede concluir que las mujeres están mejor dotadas que los hombres para sobrevivir y superar estas circunstancias de la vida.

 

Con respecto a la desocupación, existe una primera fase de “optimismo” dada por el momento de las iniciativas y los planes: viajar, estudiar un idioma, volver al gimnasio, descansar e, incluso, algo tan simple como pintar la casa. Sin embargo, esta primera fase se agota rápidamente y, pronto, la persona comienza a darse cuenta que encontrar un empleo no va a ser tarea fácil. Así es que recurre a todos sus contactos, envía sus antecedentes a todas las empresas, se pasa  el día buscando oportunidades, y los días se hacen cada vez más largos. Es la fase denominada “obsesiva”, en la que el desempleado se topa de bruces con la realidad. Es el momento en que se empiezan a experimentar síntomas tales como ansiedad, insomnio y depresión. A ello sigue un estado de “apatía” o “acomodamiento”, la tercera fase de la que, en ocasiones, es muy difícil salir. Es la clásica imagen de una persona sin trabajo que pasa el día delante del televisor, de la computadora o, bien, jugando a las cartas con sus amigos. No es infrecuente tampoco que se aísle de su familia y acabe presa de algunas adicciones (alcohol, drogas, etc.). El individuo, en este contexto, se siente incapaz de superar esa sensación de fracaso.

 

Como se mencionó previamente, la mujer tiene, por una sencilla razón, una actitud más saludable que el hombre frente a esta situación: la mayoría de ellas tienen doble jornada – en el trabajo y en la casa -, de manera que cuando pierden su empleo no permanecen inactivas, mientras que la inactividad laboral lleva a muchos hombres (especialmente a los que jamás compartieron tareas del hogar) al borde de la depresión; el tener que ocuparse ahora de esas obligaciones protege a las mujeres de los trastornos psicológicos, y les permite afrontar, en mejores condiciones, la búsqueda de un nuevo empleo.

 

Un proceso similar ocurre en la etapa de la jubilación. Este período de la vida significa, para la mayoría de las personas, un gran cambio: pérdida del rol profesional, modificación de los ingresos, alteración del ritmo de vida cotidiano, reestructuración de los contactos familiares y sociales, disponibilidad de una gran cantidad de tiempo libre, etc…. Pero, nuevamente, como en el caso del desempleo, se observa una diferencia de género, ésta es, que las mujeres tienen actitudes más favorables que los hombres. Una de las posibles explicaciones de esta diferencia podría ser que, a pesar de la incorporación de la mujer al mercado laboral, la mayoría de los hombres continúa sintiendo, en esta etapa, que deben ser ellos los proveedores más importantes del sustento del hogar. Si bien existe una cantidad considerable de mujeres que se hallan profundamente vinculadas con su trabajo (ya sea por vocación, por necesidad económica, o ambas), en general, es el hombre quien, al jubilarse, sufre más intensamente la pérdida de un rol fundamental, mientras que la mujer mantiene el rol de cuidado y atención del hogar. Muchas de ellas lo explican diciendo que, cuando se jubilan, se encuentran a sí mismas, en alusión a que disponen de más tiempo libre para dedicarse a sus aficiones, a lo que se suma el hecho de que continúan ocupándose de una serie de tareas de las que jamás se jubilan.

 
 
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  (*) Jorgelina Presta es médica clínica y docente de la Cátedra de Clínica Médica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina.
Es miembro estable del Comité Editorial del portal médico Clínica-UNR.org.
   
    Correspondencia a:
jorgelinapresta@yahoo.com.ar
 
 
 
   
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