Nombres en la historia

 
 
John Homans: el hombre detrás del signo
 

Por Diego Bértola (*)

 
 

 

 
 
 

El nombre de Homans (1877-1954) es recordado usualmente por el signo que describe el dolor de la pantorrilla a la dorsiflexión del pie en pacientes con trombosis venosa profunda. No obstante, pocos conocen que el mismo Homans despreciaba este signo, sin importarle que llevara su nombre. “If they had to name a sign after me, why didn’t they pick a good one?”, son palabras que se atribuyen a él mismo, demostrando su descontento.

John Homans nació en Boston en 1877, estudió en Harvard y realizó su residencia en el Massachusetts General Hospital. Luego de este entrenamiento inicial, continuó con experiencias adicionales en Baltimore y en Londres, luego de la cuales retornó a Boston y trabajó junto a Harvey Cushing, en el Peter Bent Brigham Hospital, en 1912. Logró ser un brillante cirujano general y vascular, maestro y autor. Proveniente de una histórica familia de cirujanos, fue la cuarta persona con ese nombre en ejercer la cirugía en Boston. Uno de sus ancestros se desempeñó como cirujano general de George Washington.

John Homans pudo haber parecido excéntrico. Fue un hombre de hablar lacónico, y sus aportes en los concurridos seminarios semanales del Brigham Hospital eran breves, tajantes, ácidos y, por momentos, escandalosos, pero casi siempre acertados. Su hablar incluía un suave ceceo, que se acentuaba cuando se exaltaba. Esto nunca le quitó consistencia a su discurso, breve pero conciso, que era escuchado en el más absoluto silencio por un auditorio expectante.

 

En su época, el diagnóstico se llevaba a cabo fundamentalmente con los sentidos, a través de la aplicación de las habilidades en el examen físico y, sólo ocasionalmente, con la ayuda de las relativamente novedosas radiografías y algunas pruebas de laboratorio muy básicas. Homans practicaba cirugía general, con intereses innegables en la patología de los vasos sanguíneos. En 1938, escribió una de sus más notables publicaciones sobre la  trombosis venosa, en la que describió las causas y las variedades de la tromboflebitis. Resaltó también dos formas contrastantes de la enfermedad: la trombosis parcial y anodina de las venas de la pantorrilla, por lo general, oligosintomática, y la trombosis masiva ileofemoral, que causa edema y dolor de todo el miembro (“phlegmasia alba dolens”).

Homans fue además el que ofreció una prueba definitiva del origen sural de los émbolos pulmonares, al demostrar, en una de sus  autopsias, que el fragmento terminal  de un coágulo masivo, encontrado en la arteria pulmonar, concordaba con el de otro coágulo remanente adherido a la vena poplítea. Consecuente con sus descubrimientos, el médico creía que, una vez diagnosticada la trombosis venosa profunda de miembros inferiores, debía tratarse para prevenir la embolia pulmonar. En esos años en los que no existía la terapia anticoagulante, la intervención consistía en ligar quirúrgicamente la vena femoral.

En 1944, el médico publicó un artículo en el que explicó cómo, junto a un grupo de colegas, encontró dolor en la región poplítea y en la pantorrilla ante la dorsiflexión forzada del pie, en personas con sospecha de trombosis venosa profunda. Sus contemporáneos adoptaron rápidamente el signo, agregando su epónimo al mismo. Homans pensó que este signo se debía a la irritación por el proceso inflamatorio de los músculos de la pantorrilla en las etapas tempranas de la trombosis profunda, y supuso que podría encontrarse en forma más precoz que el dolor espontáneo o el edema del miembro. Con igual celeridad con la que adoptaron el signo, sus pares notaron que en numerosas cirugías motivadas por este hallazgo no se encontraban coágulos en la vena poplítea. Cayeron en la cuenta de que existían otras entidades que podían producir dolor similar y, al final, hasta el mismo Homans fue perdiendo entusiasmo por el signo, al que inicialmente había denominado  “signo de la dorsiflexión”. Actualmente se sabe que, aproximadamente, sólo un tercio de las personas con trombosis venosa profunda presentan este signo, y que la mitad de las personas que lo manifiestan no padecen trombosis venosa.

 

Homans fue miembro fundador de la Sociedad de Cirugía Vascular, y profesor de Cirugía en Harvard, donde se lo honra hasta nuestros días. Escribió dos libros: uno. sobre cirugía general, y el otro, sobre cirugía vascular. En 1954, notificó el primer episodio de trombosis venosa profunda asociado a inmovilización debida a un viaje aéreo prolongado. También se interesó en el estudio y tratamiento del linfedema, patología para la cual ideó una técnica quirúrgica que también lleva su nombre.

 

Aun en su lecho de muerte, la llama de Homans permaneció encendida. Sufriendo, víctima de un infarto de miocardio masivo, se comenta que tuvo comentarios finales tales como: “I deeply regret I won’t be able to see my own autopsy and find out what my left iliac artery looks like”. Hombre incansable, fecundo y prolífico, John Homans falleció a los 77 años de edad. Su nombre, asociado al signo en mención, merece ser recordado por motivos mucho más profundos y significativos que se extienden más allá del análisis de un hallazgo semiológico.

 

 

Epónimos asociados a su nombre:

 

Signo de Homans: se refiere al dolor de la pantorrilla o región poplítea en respuesta a la dorsiflexión del pie, con la pierna flexionada a 30º. La presencia de este signo sugiere el diagnóstico de trombosis venosa profunda, con sensibilidad y especificidad bajas (sensibilidad: 8-54%, especificidad: 39-89%).

 

Cirugía de Homans: se refiere al tratamiento quirúrgico del linfedema. Consiste básicamente en la incisión y disección con exéresis del tejido subcutáneo fibrosado y engrosado de la extremidad afectada, seguidas de sutura de los colgajos remanentes y colocación de drenajes aspirativos.

 
 
 
  (*) Diego Bértola es Médico Residente de Clínica Médica del Hospital Provincial del Centenario, Rosario, Argentina.
 
   
    Correspondencia a:
diegoabertola@gmail.com
 
 
 
 
   
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