2000 - 29 de julio - 2010

 
 
René Gerónimo Favaloro, un auténtico paradigma ...
 

Por Carlos Gorostiza (*)

 
 

 

 
 
 

El jueves 29 de julio se cumplió el décimo aniversario de la trágica desaparición del doctor René Gerónimo Favaloro, destacado cardiocirujano argentino que revolucionó el mundo científico a fuerza de mucho estudio, trabajo investigativo y abnegada dedicación. Favaloro, hace ya más de cuatro décadas llevó a cabo la primera cirugía de revascularización durante un infarto agudo de miocardio y realizó el primer transplante de corazón. A fines de ese mismo año 1968, publicó un trabajo medular en el Journal of Thoracic and Cardiovascular Surgery, donde resume todo lo estudiado, investigado y trabajado hasta entonces, sobre una técnica que comienza a ser distinguida y difundida por el mundo científico, con su inconfundible sello: el by – pass aortocoronario. Su genialidad resulta determinante de la existencia de un antes y un después en materia de intervenciones aortocoronarias.

Del Doctor René Jerónimo Favaloro – más allá de su incuestionable aporte a la ciencia médica, y de ser el verdadero impulsor de un tanto impensado como inesperado giro en torno a las formas tradicionales de la cirugía cardiovascular, que hoy le posibilita a la ciencia salvar innumerables vidas – es preciso destacar sus invalorables cualidades humanas, constituidas en ejemplo para todos aquellos jóvenes profesionales que recién asoman a la construcción de una vida futura.                        

Su tenacidad, la consecuente persecución de sus claros ideales, la disciplina con que enmarcó una vida austera y consagrada a la investigación, en la que los factores económicos nunca fueron el objetivo excluyente y principal, hoy pueden ser destacados como virtudes de una personalidad ejemplar. La vida, en uno de sus duros avatares, me procuró el privilegio de conocerlo personalmente, y esa cálida imagen de su bondad es algo que recordaré y guardaré por siempre en mi corazón.

Las distinciones y los halagos no fueron para él más que accidentes, y el dinero ganado lo empleó en abrir nuevos caminos para la investigación y para todos los hombres de ciencia. Tuvo una clara visión de lo que podría ser una sociedad civilizada, con garantías de vida y desarrollo para sus ciudadanos. Fue, sin lugar a dudas, un prócer de la ciencia. Un auténtico paradigma; tan solo por eso merecería ser recordado y admirado.

Carlos Gorostiza

 
 
 
 
 
 
 
 
   
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