Revisionismo médico

 
 
Chopin y su supuesta tuberculosis: más mito que realidad *

Por Oscar Bottasso  (*)

 
 

 

 
 
 

Un recorrido a lo largo de la historia, pone de relieve la variada gama de vivencias y situaciones que atravesaron personalidades salientes de las artes, la política, la ciencia y otras ramas del quehacer humano. Visualizados como semidioses, los hechos originales cobraron una dimensión inusitada que, sumados a los aditamentos propios de la narrativa, terminaron por constituir una suerte de “leyenda oficializada” y, por ende, indiscutible. La tuberculosis (TB) de Chopin no fue una excepción a la regla. El pianista y compositor se une a la lista de celebridades apaleadas por esta enfermedad, pero la información que llega hasta nuestros días no arroja demasiada certeza a favor de dicha versión.  

Un breve racconto en torno al pensamiento médico imperante en aquellos tiempos, nos ayudará a comprender el escenario en que se produjeron los hechos. La propagación de las ideas renacentistas hacia el norte de Europa, había sido la gran propulsora de los conocimientos modernos sobre la TB y, en ese contexto, la escuela francesa ocupaba un lugar sobresaliente con figuras como Jean Nicolas Corvisart, Marie-François-Xavier Bichat, Gaspard Laurent Bayle, y René Théophile Hyacinthe Laënnec. Fue, precisamente, este último quien inventó el estetoscopio y unificó el concepto de la enfermedad tanto pulmonar como extrapulmonar [1,2]. Su libro, publicado en 1819, D’Auscultation Mediate, expone la patología de la tuberculosis y describe los signos físicos de la enfermedad pulmonar que, actualmente, se siguen utilizando. 

En el tiempo de Chopin, y en concordancia con las ideas de la época, la tuberculosis no estaba exenta de una mirada romántica. A diferencia de la visión infecciosa que predominaba en el sur del continente, en los países del norte Europeo prevalecía la idea de una enfermedad heredable, donde la palidez del paciente tuberculoso ejercía una cierta seducción. El mismo Lord Byron habría expresado su predilección por morir de consunción, dado que las damas dirían “contempla al pobre Byron, cuán interesante luce al morir” [3]. No obstante ello, Benjamin Marten había planteado, en 1790, que la enfermedad podía deberse “a una cierta especie de animalcula”, abonando la teoría del componente infeccioso [4]. Bien adentrado el siglo XIX (1865), el cirujano francés Jean-Antoine Villemin corroboró dicha presunción tras inocular a un conejo con una pequeña cantidad de líquido purulento de una cavidad obtenida durante la autopsia de un paciente fallecido de tuberculosis [1]. El sacrificio del animal a los 90 días de inyectado, permitió constatar el desarrollo de una tuberculosis extensa. La historia se cierra el 24 de Marzo de 1882, cuando Hermann Heinrich Robert Koch hizo su presentación, Die Aetiologie der Tuberculose, en la Sociedad de Fisiología de Berlín. En dicha ocasión, Koch no sólo presentó los estudios que lo llevaron a identificar el bacilo sino que, también, precisó los estándares para establecer la etiología infecciosa de una enfermedad [5,6]. 

Retomando la historia de nuestro músico, el joven Chopin había arribado a París a la edad de 21 años, y dio su primer concierto el 26 de Febrero de 1832. La audiencia era reducida porque existía un brote de cólera, pero Franz Liszt se hallaba presente y quedó fascinado por los prodigios de aquel joven. Rápidamente trabaron amistad y, en el año 1838, Liszt le presentó a la escritora Aurore Dudevant, mucho más conocida como George Sand (GS), quien tiempo después se convertiría en su pareja. La afección respiratoria de Chopin era tema de gran preocupación para George Sand por lo que decide llevarlo a Mallorca huyendo del invierno en ciernes, con la esperanza de que el clima mediterráneo mejorara su salud. El mismo Galeno solía recomendar aire fresco y viajes marítimos para el tratamiento de la tuberculosis. Desafortunadamente, el Diciembre Mallorquino se presentó frío y lluvioso, y en modo alguno contribuyó a mejorar la situación de Chopin. La tos era insoportable, se hallaba febril y el esputo se tornó sanguinolento. Ante el requerimiento de George Sand acudieron tres médicos españoles quienes, tras examinarlo, concluyeron que el maestro sufría de tuberculosis. Este diagnóstico era prácticamente lapidario en la isla, puesto que España adhería a la teoría infecto-contagiosa de la enfermedad. Atendiendo a las normas vigentes, los médicos informaron a las autoridades. De ahí en más, y como lo señalara la propia George Sand, en una carta escrita en 1838 a Francois Rollinat, la situación horrorizaría a los lugareños, a punto de ser prácticamente arrojados de Palma, “la tisis que era extremadamente rara en aquellas latitudes y además considerada contagiosa” [7]. De regreso a Paris, Chopin fue examinado con el estetoscopio por destacados expertos en Tisiología, sin que se le detectaran alteraciones semiológicas compatibles con la tuberculosis.

El devenir de la relación amorosa con George Sand no era mejor que la salud del músico al punto de que, finalmente, se separaron en 1847. Tras ello, el cuadro clínico de Chopin empeoró aún más. El 25 de Septiembre de 1849, el músico se mudó a lo que sería su última morada: un apartamento de cuatro habitaciones en una casa ubicada en el patio interno de la plaza Vendôme No. 12. Entre quienes lo asistían, se hallaba su hermana Ludovika, llegada de Varsovia, y el famoso médico Jean Baptiste Cruveilhier. Su agonía se prolongó por tres días; murió el 17 de Octubre de 1849. Alrededor de cuatro mil personas concurrieron a la Chapelle de la Madeleine, donde se ejecutó el Réquiem de Mozart como había sido su deseo. El certificado de defunción atribuye su muerte a una tuberculosis pulmonar y laríngea, aunque el reporte escrito de la autopsia realizada por el Profesor Cruveilhier se extravió. No obstante ello, existen testimonios confiables respecto de lo que habría ocurrido. En una carta dirigida a Franz Liszt, Jane Sterling, otrora estudiante de Chopin, le comenta que tras la muerte del compositor el mismo Dr. Cruveilhier le habría dicho a Ludovika: ‘‘la autopsia no reveló la causa de muerte -corazón agrandado- sin tuberculosis pulmonar –alteraciones pulmonares - una enfermedad que nunca ha sido vista anteriormente’’.

Una disquisición en torno al verdadero padecimiento del maestro daría lugar a varias hipótesis. En un terreno especulativo se ha barajado la posibilidad de que hubiese tenido alguna enfermedad hereditaria, quizás una forma leve de Fibrosis Quística [8]. La primera descripción de esta enfermedad data de 1932 y hoy sabemos que se trata de un trastorno genético autosómico recesivo ligado al cromosoma 7, lo que se traduce en una anormalidad a nivel del canal de cloro [9]. La mutación genética deriva en una disminución del flujo de cloro, que aumenta la viscosidad del moco, y favorece la colonización y persistencia de microorganismos patógenos. En su forma más frecuente, la enfermedad provoca la muerte en etapas tempranas de la vida, aunque variantes más benignas hacen posible que el paciente sobreviva hasta bien entrada la edad adulta. La afectación no se restringe al pulmón, sino que también puede comprometer al tracto digestivo, con la presencia de diarreas y pérdida de peso. Si entramos a considerar los antecedentes familiares del músico, es necesario señalar que el padre de Chopin también sufría de una enfermedad pulmonar no identificada. Su hermana menor Emilia, presentaba tos crónica, dificultad respiratoria, pérdida de peso, episodios reiterados de hematemesis, y murió a los 14 años a raíz de una hemorragia gastrointestinal masiva. La otra hermana Ludovika murió a la edad de 47 años de una enfermedad pulmonar indefinida. En oposición a la posibilidad de una tuberculosis no existen datos de que las personas en estrecho contacto con Chopin (amigos, estudiantes, George Sand y los hijos de su anterior relación) hayan desarrollado esta enfermedad. Por otra parte, Chopin mantuvo una relación de muchos años con George Sand, sin que hayan tenido hijos, lo cual encaja con la Fibrosis Quística puesto que la enfermedad cursa con infertilidad en el varón. Los sangrados intestinales y el probable “cor pulmonale”, mencionados por Cruveilhier, otorgan un sustento adicional a esta suposición.

Más allá de la verdadera causa de su enfermedad, resulta claro que no existían elementos fidedignos como para sostener la idea de un Chopin tuberculoso. Este diagnóstico, quasi antojadizo, de su afección respiratoria podría haber surgido de una suerte de consenso tácito o explícito. La visión Byroniana de la tisis no desencajaba con el pensamiento de la época; más aún, para una personalidad como la de Chopin, ese “ángel melancólico” como George Sand acostumbraba llamarlo. Por otro lado, dejar al paciente sin diagnóstico, habría constituido una debilidad de la ciencia Médica de difícil asimilación, a todas luces.

Si bien lo conocido resulta más tranquilizante, desde una perspectiva científica no deberíamos perder de vista que el conocimiento es en definitiva una propuesta temporalmente aceptada y, por ende, provisional. Responder a la pregunta ¿qué tengo doctor y cómo es que llegue a contraerlo?, se torna bastante complejo en la mayoría de los casos y, generalmente, se resuelve con una simplificación. Una actitud comprensible y a la vez honesta, en tanto no dejemos de lado que ello puede cobijar algunas inconsistencias, paradojas y la posterior ruptura que tarde o temprano aparecerá. La “pieza de Cruveilhier” puede presentársenos a la vuelta de la esquina.  

Referencias

1.Daniel TM. Pioneers of Medicine and Their Impact on Tuberculosis. Rochester, NY: University of Rochester Press, 2000.

2.Daniel TM. “René Theophile Hyacinthe Laënnec and the Founding of Pulmonary Medicine”.  Int J Tuberc Lung Dis 2004; 8:517-518.

3.Dubos R, Dubos J. Tuberculosis, Man, and Society. The White Plague. Little, Brown & Co., Boston, MA, 1952.

4.Doetsch RN. Benjamin Marten and his "New Theory of Consumptions". Microbiol Rev 1978; 42:521-528.

5.Koch R. Die aetiologie der tuberculose, a translation by Berna Pinner and Max Pinner with an introduction by Allen K. Krause.  Am Rev Tuberc 1932; 25:285-323.

6.Daniel TM. “Robert Koch and the Pathogenesis of Tuberculosis”.  Int J Tuberc Lung Dis 2005; 9:1181-1182.

7.George Sand and Chopin. A glimpse of Bohemia (a letter written to M. Francois Rollinat dated March 8, 1838; translated by Lewis Buddy).  Canton, PA: The Kirgate Press, 1902.

8.Kubba AK, Young M. “The Long Suffering of Frederic Chopin”. Chest 1998;113:210–216.

9.Collins FS. “Cystic Fibrosis: Molecular Biology and Therapeutic Implications”. Science 1992; 256:774–779.

 


 

Publicado en el Boletín del Círculo Médico de Rosario en mayo de 2008
 

 
 
 
  (*) Oscar Bottasso es Investigador Principal Consejo de Investigaciones de la UNR, Investigador Principal de CONICET (Carrera del Inv. Clínico), Profesor Asociado del Área Instrumental Metodología de la Investigación Científica de la Carrera de Medicina y Director del Instituto de Inmunología Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Rosario.
   
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