Nuevo libro

 
 
Enfermedades endócrinas - Continuación

Por Osvaldo Pamparana (*)

 
 

 

 
 
 

Continuando con el tema de las  Enfermedades endócrinas, en el numero anterior del suplemento había escrito que los deformes, los lisiados, los enanos y otros personajes afectados de diversas deficiencias, se encuentran magníficamente representados en la Historia del Arte y, más en particular, en la pintura universal. 

 

Velázquez fue, sin dudas, un indiscutible observador de estas deformidades, y su dilatada obra pictórica nos ha legado un auténtico “libro abierto” sobre numerosas alteraciones de origen endocrinológico.

 

Entre otros enanos de Velázquez, cito al bufón Francisco Lezcano, conocido como lezcanillo o El niño de Vallecas.  Los bufones eran personajes de cierta importancia en la corte española del Barroco. Animaban las jornadas de los reyes, ya sea contando chistes, haciendo gracias y algún tipo de tonterías o, bien, interpretando escenas teatrales. Eran funcionarios de la corona y recibían un digno sueldo que, al menos, les permitía comer, algo no tan fácil para muchos campesinos de la época.

Puede observarse en el cuadro, además del enanismo, la expresión torpe de la cara, la frente baja y estrecha, los parpados tumefactos, la nariz chata, la boca grande y entreabierta, características todas que señalan que, además, padece cretinismo. (De cretino: enfermedad caracterizada por un peculiar retraso de la inteligencia, acompañado, por lo común, de defectos del desarrollo orgánico). 

 

Este enano perteneció a Baltasar Carlos, de tan solo cinco años de edad, hijo del rey Felipe IV. En este retrato, el príncipe aparece vestido con uniforme de capitán general adaptado a su condición infantil, pero, incluyendo la banda. Su mano izquierda está apoyada en el pomo de la espada, y la derecha sostiene el bastón de mando, todos, emblemas de su condición de general en jefe. El enano lleva una manzana y un sonajero, elementos más pueriles que pueden dar a entender que el heredero de la monarquía más poderosa de Europa no necesita juguetes, sino instrucción militar y formación para poder gobernar sus dominios en un futuro. La posición estática del príncipe y el dinamismo de la figura del enanito, han hecho pensar a los especialistas que la figura de Baltasar Carlos sería un cuadro ante el que su bufón se vuelve para contemplarlo. *

 

Se impone también aquí un nuevo comentario referido al príncipe aunque, esta vez, es de carácter anecdótico. Recordemos, en este sentido, que Baltasar Carlos de Austria era hijo de Felipe IV y de, su primera esposa, Isabel de Francia, por lo que desde su nacimiento fue el heredero universal de todos los reinos, estados y señoríos de la Monarquía española.

Sin embargo, este reinado no pudo ser ya que el príncipe murió a los 17 años. Al momento de su muerte, Baltasar Carlos estaba comprometido con su prima hermana, la archiduquesa Mariana de Austria, hija de la hermana de Felipe IV.

La prematura muerte de Isabel de Francia y, luego, la muerte del príncipe, sumió a la monarquía en un dilema puesto que debía darse continuidad a la dinastía.

Era menester que Felipe IV se casara nuevamente, y la elegida para ese fin fue nada más y nada menos que la archiduquesa Mariana, prometida de su hijo Baltasar Carlos y, por supuesto, sobrina suya; la joven contaba, para entonces, con solo doce años de edad. Estos personajes (Reyes de España) son los que aparecen reflejados en el espejo del fondo en el cuadro Las Meninas.

 

 

El Retrato de Don Antonio -El Inglés- ,  es  otro de los famosos enanos de la corte de la casa de Austria. En esta oportunidad, Velázquez utiliza un perro para crear una referencia de la altura del retratado, que presenta los estigmas típicos de un enanismo, muy posiblemente de origen hipofisario.

 

El protagonista del lienzo, “Don Juan Martín de Calabazas” o El Bufón Calabacillas, también conocido como Bizco, era un bufón de la corte de Felipe IV. Anteriormente, había servido en el Palacio del Duque de Alba, en Coria. El bufón aparece sentado en el suelo sonriendo y en actitud temerosa, vestido con su traje y rodeado de calabazas; en el lienzo, el maestro retrató claramente el estrabismo que sufría el personaje, que se encuentra en una pequeña habitación, lo que transmite al espectador una sensación ligeramente claustrofóbica.

 

También pintado por Velásquez, El bufón don Diego de Acedo -el primo- es un lienzo pintado al óleo que se conserva en el Museo del Prado, en Madrid. Al igual que hizo con Don Sebastián de Morra, de la misma época, Velázquez lo pinta de cuerpo entero, sentado en tierra. Don Diego de Acedo mira al espectador; viste de negro y está hojeando un libro. El tamaño del libro enfatiza la pequeñez del modelo.

La mirada, la frente despejada y la actitud del modelo, transmiten la sensación de que se trataba de una persona inteligente.

 

Jan Fyt (1611 - Amberes, 1661), se especializó en el tema de bodegones y animales. Es el representante de los pintores  flamencos, seleccionados en este libro para ilustrar esta temática con su obra Perro grande, enano y niño.

 

Además de la infanta Margarita, otra representación pictórica de la afección denominada pubertad precoz, macrogenitosomía o madurez sexual precoz, es el personaje Eugenia Martínez de Gamas, pintado por Juan Carreño de Miranda (Museo del Prado). En ella se refleja que, además, de su corta talla, el desarrollo sexual y somático tuvo lugar antes del tiempo puberal, debido a la hipersecreción de hormona gonadal, a causa de un posible tumor de la glándula suprarrenal y/o de la hipófisis. Esta disfunción afecta más a las mujeres que a los hombres. Sin piedad, fue llamada la monstrua.

Juan Carreño de Miranda (1614 – 1685)  sucedió como pintor de cámara a Velázquez, de quien mucho aprendió. Su pintura tuvo cierta inspiración flamenca, la que se manifiesta en la elegancia y apostura de los personajes que retrató. Por esta razón, algunos críticos de arte lo han llamado el Van Dyck español.

Los rasgos fenotípicos de la enfermedad de Eugenia Martínez, sin ninguna duda, quedan manifiestos en la  imagen de La monstrua desnuda..

 

Hemos dejado para el final, el autorretrato y una de las obras del más famoso de los enanos de la historia del arte, Toulouse Lautrec.

Henri de Toulouse Lautrec nace en Albi, en 1864, en el seno de una de las más antiguas familias de Francia, de nobleza carolingia, descendiente directo de los condes de Toulouse. En su familia, como era habitual en muchas familias de la gran aristocracia, los matrimonios se realizaban entre parientes para evitar las divisiones territoriales y la dispersión de la fortuna. Éste fue el caso de los padres de Henri, que eran primos en primer grado. La endogamia hubo de condicionar la salud del artista. Henri fue el primogénito y, cuando tenía cuatro años, nació su hermano Richard-Constantine, que falleció un año después. Por desavenencias, sus padres se separaron en 1868 y Toulouse-Lautrec quedó bajo el cuidado de su madre.

Tuvo una  enfermedad que afectaba al desarrollo de los huesos, llamada picnodisostosis, cuyas manifestaciones comenzaron en 1874. Su constitución ósea era débil y, además, sufrió dos fracturas en los fémures de ambas piernas que le impidieron crecer más, alcanzando una altura de 1,52 m.

Su talento natural para el dibujo se manifestó a corta edad; Toulouse-Lautrec dedicó su vida a la pintura. En 1884, se instaló en Montmartre cerca del estudio que tenía Degas, quien lo influyó en aspectos técnicos y temáticos en los años de aprendizaje. Su obra se caracteriza por su estilo fotográfico, al que corresponden la espontaneidad y la capacidad de captar el movimiento en sus escenas y sus personajes. A esto, hay que añadir la originalidad de sus encuadres, por influencia del arte japonés, que se manifiesta en las líneas compositivas diagonales, y en el corte repentino de las figuras por los bordes. Además de la pintura al óleo, Lautrec utilizó otras técnicas y otros soportes en su obra, destacando su producción de carteles y afiches que promocionaban famosos cabarets y burdeles parisinos, así como, bailarinas y coristas. La noche parisina fue su tema predilecto. Precisamente, la vida noctámbula y desordenada que llevó durante años, así como, su alcoholismo, deterioraron su salud. A partir de 1897 padeció manías, depresiones y neurosis, además de ataques de parálisis en las piernas y en un costado hasta que murió en 1901.

 

 

Imágenes:

 

(10) Bufón Francisco Lezcano, conocido como lezcanillo o El niño de Vallecas.
 


El príncipe Baltazar Carlos y el enano el niño de Vallecas
 


Don Antonio "El Ingles"
 


“Don Juan Martín de Calabazas” o El Bufón Calabacillas,
 


“El bufón don Diego de Acedo” -el primo-
 


“Perro grande, enano y niño”.
 


 

 

 
 
  (*) Osvaldo René Pamparana es Bioquímico procedente de la facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata.
Es autor de numerosos artículos, ensayos, cuentos y novelas breves. Por su labor cultural recibió, entre otras distinciones el premio Santa Clara de Asís y fue nombrado Ciudadano ilustre de la ciudad de La Plata.
Se presentarán los capítulos sucesivos de su libro La Medicina y el Arte
 
   
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