Nuevo libro

 
 
Continuación de La Medicina y el Arte

Por Osvaldo Pamparana (*)

 
 

 

 
 
 

Como hemos visto en las últimas ediciones de Medicina y Cultura, la relación entre la Medicina y el Arte es mas vasta que lo que pudiéramos imaginar.

 

En los dos últimos números he abordado el tema de las endocrinopatías. Precisamente, en relación con estas patologías, la conjunción de estas dos disciplinas que tienen como base común el humanismo, es amplísima y, por si misma, podrían abarcar todo un volumen.

 

Por ello, y tratando de ser lo más sintético posible, continúo con el tema abordando, en primer lugar, el Síndrome adiposo genital de Babinski – Fröhlich. Esta enfermedad, debida a la perturbación de la función hipofisaria, se caracteriza por obesidad de tipo feminoide, falsa ginecomastia en el hombre, e infantilismo gonadal, pudiendo presentarse, según la edad, como tipo puberal o adulto. Tal cuadro clínico, se vio en la pintura tres siglos antes, especialmente en la pintura flamenca en donde, por su vigorosa personalidad, descolló Peter Paúl Rubens, (Siegen, Alemania, 1577 -  Amberes 1640).

 

Rubens fue la gran figura del barroco en la Europa del Norte. Las fuentes lo recuerdan como un gran humanista, un idealista clarividente, hombre reservado y honesto. Fue criado y educado en el catolicismo. De hecho, la religión figura de forma prominente en su obra, llegando él mismo a simbolizar por excelencia, y en el más alto grado, el estilo pictórico del catolicismo.

A lo largo de nueve años (1600-1608) recorrió los principales centros artísticos italianos, y copió obras maestras para la colección de su mentor, el duque de Mantua. En 1603, viajó a España, enviado por su maestro para llevarle unos presentes a Felipe III; una vez allí, llevó a cabo algunas obras, tales como Retrato ecuestre del duque de Lerma, adquirido, en 1969, por el Museo del Prado para celebrar su sesquicentenario. En 1608, regresó a Amberes debido a una grave enfermedad de su madre, y se estableció definitivamente en esta ciudad, que sólo abandonó más adelante para la ejecución de encargos concretos. Abrió, en Amberes, una casa-taller en la que, con la colaboración de numerosos ayudantes especializados, ejecutó gran número de obras en respuesta a la multitud de encargos que recibía.

 

En las pinturas Adoración de los Magos, Anunciación, El descendimiento de la cruz, realizadas entre 1601 y 1614, la personalidad artística de Rubens aparece ya definitivamente formada: grandiosidad y sentido dramático, dinamismo intenso, pasión por el dibujo. Paulatinamente, los intereses del artista se amplían y, además de los temas religiosos, el paisaje y el género costumbrista, se dedica a la pintura de temas mitológicos. Entre sus obras más conocidas dentro de esta temática, se encuentran: Las tres Gracias, el Rapto de las hijas de Leucipo, Diana y las ninfas y Baco. En ellas, resulta evidente la inclinación del artista hacia las musculaturas poderosas, las carnes sonrosadas y exuberantes y las tonalidades claras y alegres.

El cuadro que nos interesa analizar es el dedicado a Baco. Este dios pagano ha merecido especial atención entre los mejores pintores de todos los tiempos, que lo han representado de todas las formas posibles.

El Baco de nuestro cuadro está representado por un viejo y obeso Sileno, (Anexo 1) unos niños y una mujer, y constituye un típico ejemplo de lo que en medicina se conoce con el nombre de Síndrome de Babinsky – Frölich. Es terminante en cuanto a las características de la obesidad: la distribución de las masas de grasa sobre el pecho, cadera, hipogastrio, muslos, etc. Simultáneamente,  con la desaparición de  los pelos de la barba y del pecho, y la piel que se hace transparente y delgada, aparecen las expresiones que corresponden, en patología humana, a individuos con el aspecto somático externo feminoide.

 

 

 

 

Por su parte, la Hipertricosis lanuginosa congénita o adquirida, conocida también como Síndrome del Hombre Lobo es, en realidad, su forma congénita, una alteración (no asociada a ninguna enfermedad) muy rara, que se expresa fenotípicamente, en las personas que la padecen, por un vello lanugo que las cubre completamente, a excepción de las palmas de las manos y de los píes, pudiendo llegar hasta los 25 centímetros.

La causa de esta patología es desconocida. Se piensa que es una mutación que sigue una herencia autosómica dominante. La mayoría es de herencia familiar y, muy raramente,  se da de forma espontánea. Por ser una mutación genética, la mayoría de las veces adquirida por herencia familiar, es muy probable que muchos miembros de una familia puedan tener este síndrome.

Un cuadro de hipertricosis lanuginosa adquirida puede responde a distintas causas. Entre ellas, medicamentos, por anorexia nerviosa y por distintos tumores, actuando, en este caso, como un síndrome para-neoplásico.

 

La pintora Lavinia Fontana (1552-1614) pintó el Retrato de Antonieta Gonzáles. Antonieta posa ante la pintora, orgullosa de su elegante vestido al estilo de la época y de sus labios primorosamente maquillados con carmín. Nos manifiesta, además, su gusto por las letras, a juzgar por el papel manuscrito que sostiene suavemente entre sus manos. Antonieta era hija de Petrus Gonzáles, hombre también cubierto de pelo lanugo.

 

Del mismo modo que de La Gioconda de Leonardo, de Antonieta Gonzáles nos queda algo más: que nos observa desde el cuadro a través del tiempo, y nos acompaña durante toda la vida desde el día en que la vimos por primera vez. Antonieta nos mira. Nosotros recorremos con la mirada su vello facial, sus manos, su nariz sonrosada, su amplia frente, los bonitos bordados y brocados sobre la tela de su vestido, y ella, mientras tanto, nos mira a los ojos y nos dice: “Yo soy Antonieta Gonzáles y soy una niña hermosa”.

 

Retrato de Brígida del Río,  -La Barbuda de Peñaranda- debida al pintor toledano Juan Sánchez Cotan  -Museo del Prado-, perpetúa un rostro que, sin las tocas femeninas, no se podría sospechar que correspondiera al sexo femenino.

 

Otro caso severo de virilización e hirsutismo es el de Magdalena Ventura de los Abruzos, quien llegó a Nápoles, con cincuenta y dos años, procedente de Acumulo (región de los Abruzos). El duque de Alcalá, Virrey de Nápoles, encargó a Ribera pintar a esta mujer que aparece aquí junto a su marido y con un niño en los brazos. Solamente por sus atributos femeninos, se logra destacar como un personaje del sexo femenino.

 

 

 

 

ANEXO

1:    En la mitología griega, Sileno era un viejo sátiro, dios menor de la embriaguez. Era el padre adoptivo, preceptor y leal compañero de Dionisio, el dios del vino, al tiempo que era descrito como el más viejo, sabio y borracho de sus seguidores. Su equivalente en la mitología romana era Silvano.

Sileno suele considerarse hijo de Hermes, como sucede con la mayoría de los sátiros, pero en otras tradiciones se le hace hijo de Pan con una ninfa, o de Pan con Gea.

Sileno era tristemente célebre por sus excesos con el alcohol, pues su amor por el vino no conocía límites. Por ello, solía estar borracho y tenía que ser sostenido por otros sátiros o llevado en burro. Sin embargo, los de su raza no podían seguir bebiendo indefinidamente como habrían querido, pues eran mortales, como se deduce de sus tumbas, halladas tanto en la tierra de los hebreos como en Pérgamo.

Se decía que cuando estaba ebrio, Sileno poseía una sabiduría especial y el don de la profecía. El rey frigio Midas estaba ansioso por aprender de Sileno y, para ello, capturó al anciano echando licor a una fuente de la que Sileno solía beber. Cuando cayó dormido, los sirvientes del rey lo agarraron y llevaron a su señor. Sileno compartió con el rey una filosofía pesimista: que lo mejor para un hombre es no nacer, y que si nacía, debía morir lo más pronto posible.

Una versión alternativa cuenta que tras la muerte de Orfeo, Dionisio marchó a Frigia (algunos dicen que de camino a la India) seguido de su habitual séquito de sátiros y ménades, del que formaba parte Sileno. Éste, abrumado por la vejez y el vino, terminó por perderse y fue capturado por campesinos, quienes lo llevaron ante el rey Midas, quien ya lo conocía y se alegró mucho al verlo, pues tenía así la ocasión de celebrar una alegre fiesta. Se cuenta que Sileno y el rey (que también tenía una gran experiencia con el vino) estuvieron diez días y diez noches de fiesta, tras los cuales el anciano fue devuelto a Dionisio. Éste concedió un deseo a Midas en agradecimiento a su hospitalidad. El rey pidió, entonces, el don de transformar en oro todo lo que tocase. Otra historia es que Sileno había sido capturado por dos pastores, a los que obsequió con historias asombrosas.


 

 

 

 

 

 

 


 

 

 
 
  (*) Osvaldo René Pamparana es Bioquímico procedente de la facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata.
Es autor de numerosos artículos, ensayos, cuentos y novelas breves. Por su labor cultural recibió, entre otras distinciones el premio Santa Clara de Asís y fue nombrado Ciudadano ilustre de la ciudad de La Plata.
Se presentarán los capítulos sucesivos de su libro La Medicina y el Arte
 
   
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