La Medicina y el Arte

 
 
Enfermedades óseas y de las articulaciones

Por Osvaldo Pamparana . (*)

 
 

 

 
 
 

Extraigo del libro La Medicina y el Arte una nueva serie de enfermedades que, también, han sido tratadas, de forma por demás elocuente, por los grandes artistas de todos los tiempos.

La Enfermedad de Paget es una enfermedad de causa desconocida y evolución crónica que se caracteriza por excesiva reabsorción ósea y subsiguiente formación de hueso nuevo, pero de mala calidad. Afecta con más frecuencia a hombres que a mujeres. El 80% de los pacientes tienen síntomas, siendo las manifestaciones más frecuentes el dolor, la deformidad esquelética y la sordera por compromiso de los huesos de la base del cráneo. Puede afectar uno o varios huesos. El compromiso más frecuente es la pelvis, el cráneo y la columna lumbar.. Las deformaciones esqueléticas se pueden caracterizar por agrandamiento del cráneo, incurvación y agrandamiento de los miembros, particularmente  los inferiores.
Se desconoce la causa precisa de esta deformación ósea, aunque se sabe que existe una predisposición hereditaria. Algunos expertos creen que la enfermedad de Paget puede ser provocada en las primeras etapas de la vida debido a una infección viral.
En la obra, por demás impactante, del pintor flamenco Quentin Massys, conocida como Una mujer vieja y grotesca o La duquesa fea, se cree que la retratada tenía una importante deformidad facial debida a la enfermedad de Paget.

De las extremidades, la mano es una estructura que puede expresar casi tantos sentimientos y sensaciones como el rostro. La riqueza de sus movimientos es uno de los elementos más diferenciadores de la escala filogenética -la que ha seguido la evolución de las especies- y una de las más expresadas.
Se designa con el nombre de Camptodactilia (del griego = dedo curvo) a una malformación de las manos, sobre todo la derecha. Tal malformación es exclusivamente digital y consiste en una flexión permanente e irreductible que comienza por el dedo meñique pudiendo afectar también el anular; no afecta el pulgar ni el índice. Se debe a procesos polineuriticos o atróficos yuxtaarticulares. Puede tener carácter hereditario.

Alberto Durero, nacido en Nüremberg (1471 - 1528), es el artista más famoso del Renacimiento alemán, conocido en todo el mundo por sus pinturas, dibujos, grabados y escritos teóricos sobre arte, los que ejercieron una profunda influencia en los artistas del siglo XVI de su propio país y de los Países Bajos. En su Autorretrato, nos muestra la camptodactilia mucho tiempo antes de que fuera descrita clínicamente por el profesor Landouzy, de Paris, en una lección de Clínica Médica. En Autorretrato con flor de cardo, el artista sostiene la flor, entre sus dedos, como símbolo de fidelidad, lo que permite suponer que destinó esta obra a su prometida. La ternura de los colores magnifica la patología que no solo representó en sus autorretratos sino, también, en la mayoría de sus protagonistas.
También de Durero son las siguientes obras en  las que se puede observar la enfermedad: Adán, Manos en OraciónJesús entre los doctores. En síntesis, sus obras se constituyen, por su destacada sagacidad, en extraordinarios testimonios de la Historia de la Medicina, y en maravillas del arte como documento.

Reumatismos deformantes de las manos. La artrosis y las artritis crónicas pueden llegar a causar deformaciones de los dedos de las manos y de los pies de aspecto distinto según se trate de procesos degenerativos (artrosis) o inflamatorios (artritis). Algunos maestros como Botticelli, nos han dejado un estupendo muestrario de afecciones reumáticas. En la Madonna Bardi, aparece el síntoma típico de la artritis reumatoide, éste es, la inflamación de las articulaciones interfalángicas.

Ya se ha escrito que la bufonería invadió las cortes españolas y que Velázquez, como pintor Real, reflejó en sus lienzos numerosos personajes que gozaban de gran estima entre sus amos. Antonio Moro también fue pintor de la Corte, y sus retratos son un prodigio de síntesis y exactitudes que, además, de mostrar su poder de observación, expresan la vida física y moral del modelo con el espontáneo naturalismo pictórico propio de la época.  A él se debe el Retrato de Pejerón, que se encuentra en el Museo del Prado, donde podemos visualizar al bufón del Conde de Benavente y Gran Duque de Alba. Es llamativa su figura por la lordosis lumbar o parálisis del plexo braquial, debida, seguramente, a una lesión en la V y VI raíces nerviosas cervicales. Los músculos del brazo se encuentran afectados, dejando el brazo colgado, rotado hacia adentro y en aducción; el antebrazo, por su parte, está pronado.
Es realmente extraordinario que, casi trescientos años antes que Duchenne y Erb describieran para la neurología la parálisis braquial superior, un artista, excelente detallista como pintor, legó, a la posteridad, un cuadro con las características de dicha enfermedad. Estamos ante un nuevo documento para la Historia de la Medicina, al haber representado pictóricamente dicha enfermedad con todos sus detalles.

José de Ribera (1591–1652), pintor tenebrista español, apodado por sus contemporáneos Lo Spagnoletto, «el españolito», es un pintor destacado de la escuela española, aunque su obra se hizo íntegramente en Italia y, de hecho, no se conocen ejemplos seguros de sus inicios en España.
Ribera decidió marchar a Italia y seguir las huellas de Caravaggio y el áspero tenebrismo que desarrollaban los caravagistas holandeses.
Ribera decidió instalarse en Nápoles, acaso al intuir que allí captaría una mayor clientela. El uso del dramatismo de Caravaggio fue su punto fuerte. Inició una intensa producción que lo mantuvo alejado de su España, a donde nunca regresó, pero se sintió unido a su país gracias a que Nápoles era un virreinato español y punto de encuentro entre dos culturas figurativas, la ibérica y la italiana. Actualmente, el Museo del Prado posee más de cuarenta cuadros suyos. Ya en vida, era famoso en su tierra natal; prueba de ello es que Velázquez lo visitó, en Nápoles, en 1630.
En siglos posteriores, la apreciación del arte de Ribera se vio condicionada por una leyenda negra que lo presentaba como un pintor fúnebre y desagradable, que pintaba, obsesivamente, temas de martirios, con un verismo truculento. Un escritor afirmó que «Ribera empapaba el pincel en la sangre de los santos». Esta idea, equivocada, se impuso en los siglos XVIII y XIX, en parte, por escritores extranjeros que no conocieron toda su producción. En realidad, Ribera evolucionó del tenebrismo caravaggesco inicial a un estilo más luminoso y ecléctico, con influencias del Renacimiento veneciano y de la escultura antigua, y supo plasmar, con igual acierto, lo bello y lo terrible. A pesar de serios problemas de salud,  continuó produciendo obras importantes hasta su muerte.
Precisamente, de sus últimos años es la pintura que presento en la que Ribera nos muestra el descarnado realismo anatómico de una afección, bastante difundida, como lo es el pie varo. La obra es más conocida por el nombre genérico de la enfermedad: El Patizambo”. Se halla en el Museo del Louvre, y ofrece, para la historia de la medicina, el ejemplo de una hemiplejía infantil y de una oligofrenia. Dos patologías que coexisten debido a encefalopatías por malformación.
Por la actitud del cuerpo estamos, con seguridad, ante una contractura poshemipléjica, donde el miembro inferior paralizado se transforma en una especie de bastón durante la marcha, con movimientos de circunducción y arrastre de la parte inferior del pie sobre el suelo; el acortamiento de este miembro, es el que da lugar a esta deformidad permanente, descrita ya desde los tiempos de Hipócrates que consiste en que la extremidad se desvía alrededor de sus ejes, lo que impide el apoyo en el suelo en forma normal.
Son inconfundibles, por otra parte, los rasgos somáticos, característicos de los oligofrénicos, en la expresión de la cara del joven, quien sonríe directamente al espectador, viéndose que le faltan algunos dientes. En su mano izquierda muestra un papel que dice en latín: DA MIHI ELIMO/SINAM PROPTER AMOREM DEI, lo que significa: "Déme una limosna, por amor de Dios". Este papel era la autorización necesaria, en el reino de Nápoles para ser un pordiosero. Con ese mismo brazo sujeta al hombro su muleta.
El cuadro está firmado y datado en el ángulo inferior derecho, sobre el suelo: "Juseppe de Ribera español F. 1642".

 


 

 

 
 
 

(*) Osvaldo René Pamparana es Bioquímico procedente de la facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata. Es autor de numerosos artículos, ensayos, cuentos y novelas breves. Por su labor cultural recibió, entre otras distinciones el premio Santa Clara de Asís y fue nombrado Ciudadano ilustre de la ciudad de La Plata. Se presentarán los capítulos sucesivos de su libro La Medicina y el Arte Correspondencia a: opamparana@lpsat.com


 
 
 
   
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