Un libro recomendado: Permiso para morir

 
 
"Cuando el fin no encuentra su final"

Por Amalia Pati (*)

 
 

 

 
 

[…] Hemos ido creando entre todos una nueva clase de enfermos. Son nuestros hijos. Somos sus padres irresponsables. […] Son una nueva categoría de pacientes. Una que incluye a familias destrozadas. A madres esclavizadas a esperanzas sin fundamentos. A hijos insomnes velando a sus padres que no acaban de morir. Sus ojos que ya no miran nos señalan como un dedo acusador. Allí están aunque nadie los vea. Detenidos en un camino que no conduce a ninguna parte. Vegetativos, comatosos, alimentados por el largo ombligo del soporte vital. […] Es nuestra terca obstinación la que los sostiene. […] Una vez más el sueño de la razón produce monstruos.
     “Cuando el fin no encuentra su final (encarnizados)” Por D. Flichtentrei


Fragmento del prefacio de Permiso para morir a cargo de Daniel Flichtentrei

En el número anterior de Medicina y Cultura, Daniel Flichtentrei anunció la publicación de Permiso para morir. Hoy, este libro, escrito luego de una afanosa investigación sobre la muerte de personas tan reales como la vida misma, está en mis manos. Agradecida, en primer término, por la importancia que tiene esta publicación para los que tenemos la intención de hacer de la medicina mucho más que un cúmulo de conocimientos sobre el cuerpo humano y sus enfermedades. Y no menos por el placer que significa la literatura cuando trata sobre temas carísimos al hombre, tales como la muerte, pero, en especial, la muerte como el final que todos deberíamos aceptar sin empecinarnos en continuar a costa de interminables agonías.

Son catorce relatos de un realismo que se disuelve, pero que, a la vez, se enriquece por y para la literatura. Antes de cualquier comentario sobre ellos, quiero formular mi apreciación sobre el prefacio a cargo de  Flichtentrei; en él, Daniel hace honor a la “verdad de las mentiras”; en él, entreteje su palabra apasionada y, con frecuencia, brutal y descarnada, su sello personal, con un relato, una historia que funciona a la manera de aperturade lo que vendrá sobre la muerte digna que, verdad o mentira, realidad o ficción,  pasa en la vida de los médicos y de los pacientes. La vehemencia, la pasión de Flichtentrei, sin golpes bajos, se puede leer, en parte, en el epígrafe.

El primer relato de Permiso para morir es esa historia real acerca de la cual hemos escrito y hablado en otras oportunidades; la historia de Daniel, a quien presentamos en la última Jornada de enfermos reales en un mundo vritual, como ejemplo, como punto de partida y demostración de que, en muchas circunstancias, otros se adjudican el derecho de decidir sobre la muerte, la propia o la de los seres queridos. A modo de recordatorio, Daniel ya no es un enfermo, es un cuerpo sin vida que hace muchos años que pide “permiso” y que, si no estoy desactualizada, todavía no lo consiguió; es decir, su familia, sus hermanas, no lo consiguieron.

La cuestión de la necesidad imperiosa de otorgarle dignidad a la etapa final de nuestras vidas, y a la muerte misma, es tratada, en los relatos, desde diversos puntos de vista que apuntan todos a mostrar las dificultades reales con que se enfrentan los enfermos, los parientes más cercanos y, también, los médicos.

La controversia y, con frecuencia, la pelea, se puede dar entre miembros de la familia, éste es el caso de “Antonio y Víctor”, los hermanos que se van a las manos por sus opiniones contrapuestas sobre el destino y la culpa del padre moribundo. Otras veces,  la religión toma protagonismo para bien o para mal, ante la desesperación de un padre ateo, con la esperanza de que el cura pueda satisfacer los deseos de la pequeña Ana, en un maravilloso relato titulado “El cielo de las tortugas”. El encarnizamiento médico y la decisión de un hombre amputado sobre la pierna que le queda, la lucha que se entabla entre médicos, pacientes y justicia por negarse a pedir “permiso para morir” en “El perro te mide pero vos tenés que mostrarle quién es la autoridad”. El coraje de una médica joven que se enfrenta con la necesidad de decidir sobre el final de un paciente, dispuesta a todo, por respeto al pedido de dignidad, en “Cama 460”. La honrosa decisión de la mujer que, a sabiendas de que no tiene futuro, pide ella misma terminar con su vida en “La vida de mi madre”. Son algunos de los enfoques, que irán apareciendo en el libro, sobre un tema que tiene a la compasión y al respeto sobre las decisiones que le competen a cada uno de los individuos como el recurso más valioso, que se contrapone, de manera inequívoca, con la prolongación empecinada de una vida que ya no puede ser vivida.

La palabra agonía, ese estado en que se encuentran los personajes del libro, deriva del griego agón, con el significado de lucha. Es la lucha, traducida en angustia, del moribundo en los momentos que preceden a la muerte.

  Fragmento del prefacio de Permiso para morir a cargo de Daniel Flichtentrei

 

 


 

 

 
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(*) Amalia Pati es médica clínica y licenciada en letras. Colaboradora de la revista de Letras de la Facultad de Humanidades y Artes - UNR y coordinadora de esta edición. Obtuvo el segundo Premio en el Primer Concurso Municipal de Ensayo 2005 con el ensayo: La tuberculosis y sus “metáforas” en el siglo XIX y principios del siglo XX: un debate abierto. Correspondencia a: pastoritap@yahoo.com.ar


 
 
 
   
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