Comentario sobre un film

 
 
La otra cara de la iglesia católica: Philomena

Por Jorgelina Presta (*)

 
 

 

 
 

Philomena, dirigida por Stephen Frears y ganadora por el mejor guión en el festival de cine de Venecia (2013), narra la historia de una mujer irlandesa, Philomena Lee, quien  vivió parte de su vida en el convento de de las monjas  de Roscrea.

En su adolescencia, Philomena dio a luz a un niño, Anthony, de manera atroz, dentro del convento, y sin los cuidados mínimos para un parto seguro. La escena ocurre a la vista de las monjas, quienes le recuerdan  a gritos, y a cada instante, que debe pagar por la fornicación que cometió.

A los tres años de vida, Anthony es arrebatado, sin aviso, del lado de su madre, quien no supo más de él. Con el correr de los años, Philomena, adulta, y ya fuera del convento, siente la necesidad de saber acerca de su hijo.

Conoce a Martin, periodista y escritor, cuyo editor le pide la historia de la mujer. Es así que Philomena y Martin comienzan la búsqueda desenfrenada de Anthony, que trascurre entre idas y venidas, frustraciones, encuentros y desencuentros a lo largo de la película.

Lo cierto es que Anthony había sido vendido por las monjas a una familia pudiente estadounidense. Se supo, además, que el joven se  había convertido  en un oficial de alto  rango durante la presidencia de Ronald Reagan. En la cuarta década de su vida, se enferma gravemente; y, en sus últimos días, visita el convento de Roscrea en busca de información sobre su madre. Las monjas le manifiestan que perdieron todo tipo de contacto con ella. Él pide ser sepultado allí, en el lugar de su nacimiento, deseo que es llevado a cabo por su pareja.

Durante la investigación, Martin y Philomena asisten, en reiteradas oportunidades, al convento, sin obtener ninguna respuesta; las monjas exponían diversas excusas: que se habían incendiado  todos los archivos, que no tenían registro de nada y que de las monjas que estaban en aquella época, algunas habían muerto, y otras  padecían demencia senil. En una de las tantas entrevistas con personas allegadas a Anthony, conocen a su ex pareja,  quien refiere que él había pedido que lo enterraran en el convento donde había estado su madre. Philomena, quebrada por el dolor, decide intentar nuevamente la visita a Roscrea .En una de las últimas, reconoce a una  monja, muy anciana y de mirada ruda y cruel; era una de las que había presenciado el parto y la posterior desaparición del niño.

Ante el asombro y la indignación de Martin, la monja se acerca y les dice haber sido testigo y partícipe de todo, pero que no se arrepiente, puesto que Philomena merecía tal castigo  por el grave pecado que había cometido

El final de la película es conmovedor y deja traslucir la valentía, ternura y empatía de Philomena, quien se acerca aún más a la monja y le dice que la perdona, que sólo quiere ir a ver la tumba de su hijo.

El film muestra la otra cara de la religión católica a través de una espantosa realidad de los años cincuenta y sesenta, en la que miles de jóvenes irlandesas eran enviadas a conventos y separadas de sus hijos, pues el embarazo fuera del matrimonio  las convertía en seres amorales, pecadoras que debían ser severamente castigadas.

En febrero de este año (2014), la verdadera Philomena Lee, con ochenta años, visitó el Vaticano y fue recibida por el actual Pontífice. Luego de verlo expresó: “El Papa me libró de una culpa que cargué por  sesenta y dos años, desde que traje al mundo a mi hijo; una culpa que me hizo daño toda la vida. Espero - y creo - que el Papa Francisco esté conmigo en la lucha para ayudar a madres y niños que buscan la verdad sobre su historia”.

 

 


 

 

 
 
 

(*) Jorgelina Presta es médica clínica y docente de la Cátedra de Clínica Médica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina. Es miembro estable del Comité Editorial del portal médico Clínica-UNR.org.



 
 
 
   
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