El endiosamiento de la tecnología

 
 
¿Sueñan los médicos con ovejas eléctricas? Segunda parte

Por Daniel Flichtentrei (*)

 
 

 

 
 

Los límites de la medicina en la era de la crispación tecnológica
La medicina no aprendió a detenerse y, algunas veces, es víctima de su propio "éxito"

Como nunca antes en la historia de la humanidad, hoy es posible demorar la muerte. La multiplicación del conocimiento científico y de los recursos tecnológicos han producido beneficios inimaginables hasta hace pocas décadas. Sin embargo, también ha llegado el momento en que esa evolución crea sus propias paradojas. Morir es un suceso que se ha medicalizado; ya pocos lo hacen en su hogar rodeados de sus afectos. Las intervenciones médicas pueden tanto ofrecer esperanza como prolongar una interminable agonía. Resulta cada vez más difícil establecer los límites de la medicina en la era de la crispación tecnológica. El furor curandi ha desdibujado el horizonte racional de lo posible. Al no haber aprendido a detenerse, guiada por valores existenciales que contemplen la dignidad de la vida, en ocasiones, la medicina –y sus pacientes- son víctimas de su propio éxito. ¿Cómo respetar la voluntad anticipada de las personas? ¿Cuándo pasar desde una etapa curativa a una paliativa? ¿Quién define la frontera entre la vida biológica y la existencia humana?

Swetz y Burkle definen la "futilidad médica" como toda intervención excesiva (en términos de esfuerzo y gastos) con pocas posibilidades de cambiar la evolución final del paciente. A veces, médicos, enfermeras y otros profesionales de la salud, pueden sentirse presionados para proporcionar cuidados intensivos, alentados por imperativos tecnológicos, aunque estas intervenciones no cambien el resultado final.

El imperativo terapéutico se refiere a la tendencia de los médicos y los pacientes, o sus familiares, a sentirse obligados a emplear cualquier intervención, aunque la misma, quizás, no ayude al paciente (eg, ofrecer vasopresores, antibióticos o intervenciones quirúrgicas, simplemente, porque están a nuestra disposición).

El imperativo tecnológico se refiere a la tendencia a emplear intervenciones tecnológicas, aunque no estén indicadas para ese paciente (por ejemplo: hemodiálisis, marcapasos o desfibriladores). Así, en ausencia de otras alternativas, el tratamiento se puede intensificar y extender, aunque sólo sirva para prolongar el sufrimiento y postergar la muerte inevitable.

De acuerdo con los últimos datos disponibles, los estadounidenses mayores representan el 32 % del total del gasto de Medicare en los costos relacionados con hospitalizaciones repetidas en los dos últimos años de su vida. Lo más llamativo es que ese mayor gasto NO se ha asociado con mejores resultados en salud.

Un reciente informe de Dartmouth Atlas mostró que la atención al final de la vida, en los EE.UU., está más fragmentada que nunca. A nivel nacional, se produjo un incremento de doce puntos porcentuales en los beneficiarios de Medicare que vieron más de diez médicos diferentes en los últimos seis meses de vida, en especial, a subespecialistas;  y, además, pasaron varios días más en las unidades de cuidados intensivos en el 2010 en comparación con el año 2003.

Los estudios demuestran que la atención que reciben los pacientes al final de su vida útil no depende de sus preferencias de cuidado o de sus directivas anticipadas, sino más bien de las variables locales del sistema de atención de la salud, como de la capacidad institucional y de los médicos individuales, de su estilo de la práctica.

Si bien los médicos pueden actuar a favor de las Directivas Anticipadas, en teoría, las favorecen menos en comparación con los pacientes, y las utilizan con poca frecuencia. Además, cuando esos documentos elaborados por los pacientes, donde declaran lo que desean, están en conflicto con la opinión clínica del médico sobre lo que es mejor para el paciente, los médicos puede anular la autonomía del paciente a favor de hacer lo que ellos perciben como más beneficioso para ellos.

“La mayoría de los profesionales no quería para sí ninguno de los procedimientos intensivos que casi siempre aplican a sus pacientes en situaciones de futilidad médica”

La revista científica Plos One, de Junio de 2014, publica los resultados de un gran estudio realizado entre médicos norteamericanos acerca de sus preferencias personales para el fin de la vida. El 88,3% de los médicos optaron por las directivas de no resucitar, y querían convertirse en donantes de órganos. La enorme mayoría de los profesionales consultados, no quería para sí ninguno de los procedimientos intensivos que, casi siempre, aplican a sus pacientes en situaciones de futilidad médica.

Entre las conclusiones de esta investigación, los autores afirman:

[…] datos nacionales actuales muestran, muy claramente, que los enfermos terminales estadounidenses reciben atención de muchos sub- especialistas en los últimos seis meses de vida y se someten a tratamientos de alta intensidad ineficaces, sólo para morir muertes previsibles por enfermedades crónicas. Es de señalar que las poblaciones que reciben una atención de mayor intensidad en los últimos seis meses de vida, no tienen tasas de mortalidad más bajas, en comparación con las poblaciones que reciben atención de menor intensidad. Los datos  también muestran que se está acelerando la fragmentación de la atención de enfermos graves estadounidenses en el final de la vida. Los pacientes moribundos siguen hospitalizados  y se someten a tratamientos ineficaces que erosionan su calidad de vida y su dignidad personal.

Vale la pena recordar algunas de las ideas que la Dra. Iona Heath y el escritor inglés John Berger dejaron para siempre en un libro imprescindible: Ayudar a morir (Katz editores):

La negación contemporánea de la muerte impone agobios adicionales, tanto a médicos como a pacientes. Cuando la muerte se hace inevitable, y la lucha cada vez más inútil, la ciencia tiene muy poco que ofrecer. Cuando sienten que son los responsables de cada muerte, la culpa impulsa a los médicos a luchar, cada vez más, por la prolongación de la vida, a menudo en detrimento de su calidad. En la sociedad contemporánea, la soberbia y la ambición de la ciencia biomédica, son las principales responsables de la negación peligrosa y nociva de la muerte.

 

 

 


 

 

 
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((*) Daniel Flichtentrei es médico cardiólogo, Jefe de contenidos médicos de IntraMed.net y miembro estable del Consejo Editorial de este suplemento. Correspondencia a: aflichten@intramed.net

 
 
 
   
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