La novela de un humanista

 
 
La peste de Albert Camus - Primera parte

Por Marta Macias (*)

 
 

 

 
 

Primera parte

Me referiré a esta novela fundamental del siglo XX, (1947) cuyo autor, el escritor francés argelino Albert Camus, dejó en su corta vida una obra filosófica y humanista llevada al concepto del absurdo, corriente literaria de ese tiempo que aún conserva su vigencia.
En 1957, Camus recibió el Premio Nóbel de Literatura, a los cuarenta y cuatro años de edad. Transcribo algunos fragmentos del discurso que pronunció al recibir esa distinción y que, en varios párrafos, condensa el sentido y la misión del escritor.

A mi ver, el arte no es una diversión solitaria. Es un medio de emocionar al mayor número de hombres, ofreciéndoles una imagen privilegiada de dolores y alegrías comunes. Obliga, pues, al artista a no aislarse; le somete a la verdad, a la más humilde y más universal…Los verdaderos artistas no desdeñan nada; se obligan a comprender en vez de juzgar […]  Por definición no puede ponerse al servicio de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la sufren. Si no lo hiciera quedaría solo, privado de su arte. Todos los ejércitos de la tiranía, con sus millones de hombres, no le arrancarán de la soledad, aunque consienta en acomodarse a su paso, y, sobre todo, si en ello consiente, pero el silencio de un prisionero desconocido, abandonado a las humillaciones, en el otro extremo del mundo, basta para sacar al escritor de su soledad, por lo menos ,cada vez que logre, entre los privilegios de su libertad, no olvidar ese silencio, y trate de recogerlo y reemplazarlo, para hacerlo valer mediante los recursos del arte.

El fragmento citado resume el sentido que se refleja en toda la obra de Camus: su humanismo. El hombre ante situaciones límites expone valores como la moral, la honestidad y la solidaridad, que lo reivindican, y, algunas veces, logra superar los egoísmos enquistados desde sus orígenes.

El año 1947, fecha de publicación de La peste, es la época en que los franceses de la resistencia fueron liberados de los alemanes, después de la derrota del nazismo. Por lo tanto, lo sucedido en Orán, ciudad argelina, cuando resultó azotada por una plaga, es, a mi juicio, una metáfora de las calamidades por las que suele atravesar el ser humano, situaciones absurdas que se repiten circularmente en la historia de la humanidad, tales como la guerra, el atropello entre los hombres, la tiranía, y las reacciones nefastas  y de destrucción a nivel global.

En La peste, considerada un  clásico del existencialismo, se narran las historias de sus personajes en la lucha contra la epidemia;  el autor utiliza un lenguaje escueto, espontáneo, a través del cual va destacando la problemática del humanismo. Se cuentan las historias de unos médicos, turistas, fugitivos, jueces, y de otros personajes comunes que van descubriendo el sentido de la solidaridad en su labor humanitaria. Se tiene por cierto que Camus, con esta obra, crea un  mito: esfuerzo supremo de  la imaginación por abarcar una generalidad de cosas sin crear ideas, sin dejar de producir imágenes. Camus busca el mito, el mito potencia una situación o un anhelo. Y los personajes corren a enfrentarse con él. Se ahonda en el acontecimiento colectivo hasta encontrar la razón de su significado para la vida. Aquí está La peste; en un lugar y tiempo determinados, y están los fenómenos que se van produciendo hasta hallar la imagen simbólica.

La epidemia de la peste llega a la ciudad a través de las ratas. Se describen con minuciosidad los síntomas de la enfermedad; los médicos explican y el lector se introduce en el mundo de ellos. Hay peste, el médico cura a unos enfermos, a otros, y otros mueren, y lucha por frenar la enfermedad y levantar el estado de sitio a una ciudad en cuarentena.

 Los amantes separados desean estar juntos; egoísmos y heroísmos se resuelven en torno al temor y al desprecio al contagio. Sin embargo, lo fundamental es curar, hay dos caminos: la lucha a ultranza, o la lucha que nace después de haber meditado sobre la naturaleza de ese mal, y provocar en cada persona la decisión para emprender el combate. Estos seres se sacrifican en la lucha y no encuentran palabras para explicar por qué lo hacen. Dicen: por honradez”, y es la palabra que figura en el texto, y transfigura el hecho en algo sublime cuando se encuentra arraigada en las profundidades del hombre que la expresa.

Para el médico, en su caso, consiste en ejercer su oficio. En todos estos seres protagonistas que se unen para luchar contra el mal, surge un sentido de solidaridad por encima de sus preguntas interiores: ¿Por qué luchan?,  ¿Por qué se sacrifican?

El relato comienza donde el escritor advierte que el narrador, a su tiempo, se convertirá en personaje; se dará a conocer. Se describe la ciudad a la que se considera:

[…] una ciudad corriente, donde el paso de las estaciones solo se lee en el cielo. La primavera se anuncia únicamente por la calidad del aire o por las cestas de flores que los pequeños comerciantes traen de los alrededores; es una primavera que se venden en los mercados. Durante el verano, el sol incendia las casas demasiado secas y cubre los muros con una ceniza gris; no se puede vivir  entonces más que a la sombra de los visillos echados. En otoño hay, por el contrario, un diluvio de fango. Sólo llegan los buenos días con el invierno.

Los personajes

El infierno se inicia el 16 de abril cuando el doctor Bernard Rieux sale de su consultorio y encuentra una rata muerta. Este episodio, y las consecuencias que sobrevendrán, terminará en febrero del otro año. Los personajes que aparecen son  Bernard Rieux, médico honesto que encuentra en su trabajo, y más en la epidemia de la peste, una forma de realizarse a sí mismo y de solidarizarse con los demás. Castel es un médico con experiencia que será el investigador de un suero. Un periodista, R. Rambert, que lo visita por un reportaje que no es de interés del médico.  Grand, un empleado del ayuntamiento encargado de hacer las sumas de las defunciones. Simple, tierno, consciente de su trabajo, de su deber. El padre Paneloux, imbuido, al comienzo, de la idea de que la epidemia sólo ataca a aquéllos que no son dignos del reino de Dios, con un optimismo cristiano fácil; profundo personaje, cuya fe tambalea, luego, ante la muerte de un niño, y lo humaniza ante un cristianismo auténtico. Tarrau, hombre puro cuya aspiración es la paz, sin la necesidad de creer en Dios, en contra de  las ejecuciones, la exterminación del hombre por otro hombre o por la sociedad. Cottard, hombre ignorante que aprueba la peste, pensando que ella lo salvará de la justicia que lo persigue.

Y continúan los primeros pasos ante la evidencia de eso real, instalado en la ciudad. Las primeras medidas de control sanitario. El crecimiento en número de los infectados, los hospitales a pleno. El cierre de la ciudad, las familias separadas, la angustia de R. Rambert, el periodista, ante la separación de su mujer, su amor. Las ansias de escapar. Las distintas etapas de la epidemia. El pánico, que separa la situación del periodo crítico de signos desconcertantes,  e inicia otro más difícil, transformado en pánico. El miedo que suscita la reflexión.

 Jean Tarrau, bien descripto en el relato como un ser alegre, siempre sonriente  en el trato con bailarines y músicos españoles, escribe sus crónicas de este período difícil, análisis particular con un deliberado propósito de insignificancia. Amaba el carácter mercantil de la ciudad, todo gobernado por las necesidades del negocio. Veremos, luego, su crecimiento en la obra, su amistad con el doctor Rieux.

El portero, el primer contagiado. Las anotaciones de Grand van creciendo. El primer mes termina con un  sermón del padre Paneloux, quien expresa su visión de que serán atacados sólo  aquéllos que no son dignos de Dios.

Hay un capítulo donde la palabra peste se pronuncia por primera vez., con precisión, como la aceptación de que eso pasa. El doctor Rieux piensa que

[…] las plagas son algo común pero se cree difícilmente en las plagas cuando os caen en la cabeza. Ha habido tantas pestes como guerras, y siempre encuentran a la gente desprevenida. Cuando estalla una guerra la gente dice: No durará; es demasiado estúpida  y sin duda una guerra es estúpida pero eso no la impide durar, La estupidez insiste siempre, se daría uno cuenta de ello si no pensase constantemente en uno mismo. Todo el mundo pensaban en si mismo, eran humanistas no creían en las calamidades. La calamidad no está hecha a medida del hombre; por tanto, se concluye que la calamidad es irreal, es una pesadilla que va a pasar. Pero no pasa siempre, y de pesadilla en pesadilla son los hombres los que pasan y los humanistas en primer término no han tomado precauciones.

Incluso después de que el doctor Rieux hubo reconocido ante su amigo que un puñado de enfermos, sin previo aviso, acababan de morir de peste, el peligro continuaba irreal para él. “Sencillamente, cuando se es médico uno se hace cierta idea del dolor y se adquiere algo mas de imaginación.” El doctor reflexiona sobre otros episodios de la historia, donde la palabra peste había sido pronunciada; si cesaba, que era lo más probable, estaría todo bien.

Comienzan a darse las miserias, el ocultamiento de victimas por parte de las autoridades, el error en las anotaciones de muertes. El cierre total de la ciudad. El desplome del valor, el pesimismo. El sufrimiento de todos los prisioneros y desterrados, que es vivir con una memoria que no sirve para nada. El destierro en su propia patria.  No se aceptaba la enfermedad. La peste era una abstracción, era monótona.

 


 

 

 
 
 

(*) Marta Macias, reside en La Plata, oriunda de Tres Arroyos. Es profesional del derecho y poeta: Ha publicado poemarios, ensayos, notas, ponencias en Simposios internacionales. Ganó el Premio Consagración Roberto Themis Speroni, en 1992, por su libro Fabularia.(SEP) y el Primer Premio en el Certamen Literario Poeme, organizado por la Empresa francesa Lancome, por su poema Madre traducido a varios idiomas entre otras actividades con la música y la pintura. Es actualmente Presidente en la Sociedad de escritores de la Pcia. de Bs.Aires realizando una importante tarea de gestión. Intervino en numerosas oportunidades en la Feria del Libro del autor al Lector que se realiza anualmente en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

 
 

 

 

   
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