Científicos argentinos: Ernesto y Rebeca Falcoff

 
 
Un día en Vézelay

Por Ocar Botasso (*)

 
 

 
 

Muchos tipos de hombres se dedican a la ciencia, y no todos por el bien de la ciencia misma. Hay algunos que ingresan a su templo, puesto que les ofrece la oportunidad de mostrar sus talentos particulares. Para esta clase de hombres la ciencia es una especie de deporte de cuya práctica se regocijan, así como lo experimenta un atleta al ejercitar su destreza muscular. Hay otra clase de hombres que ingresan al templo para hacer una ofrenda intelectual con la esperanza de asegurarse un retorno rentable. Estos son científicos sólo por la posibilidad de que al momento de optar por una carrera existía una circunstancia de este tipo. En un escenario diferente puede que hubiesen llegado a ser políticos o gente del mundo de los negocios. En el caso de que un ángel de Dios descendiera para llevarse desde el templo de la ciencia a todos aquellos pertenecientes a las categorías que he mencionado, me temo que el templo estaría casi vacío. Pero seguirían estando unos pocos parroquianos - algunos de los viejos tiempos y otros de la actualidad. Nuestro Planck se ubica entre estos últimos. Y es por eso que lo amamos. 1

-¿Por qué l a Bourgogne?

-No hay una sola respuesta, sus excelentes vinos, la campiña, y también esta villa de Vézelay que me parece tan vivible.

-Suena aceptable. Hay una conjunción entre lo gótico y románico muy particular que, a mí también, me resulta agradable

-Y con un toque de rusticidad, viste. Pero todo tan bien preservado que uno queda atrapado.

-Tal cual. Para alguien acostumbrado al descuido de aquellos lares, realmente golpea fuerte. Es un contraste tan marcado con lo que se ve en nuestro país.

-Al principio de mi venida a Francia, me ocurría lo mismo. Con el tiempo te vas acostumbrando, y ahora percibo, si se quiere, con dolor esa diferencia con Argentina que, obviamente, no la experimentaba cuando vivía allá.

Asentada sobre una colina, la pequeña ciudad de Vézelay es muy conocida por su abadía y basílica románica de Santa Magdalena del siglo XI. Según la historia, en el siglo IX, los benedictinos habían obtenido unas tierras para construirun monasterio y e n las postrimerías del primer milenio un monje trajo las reliquias de María Magdalena, las que fueron confirmadas como auténticas, en 1058, por el papa Esteban IX . La a badía de Vézelay fue también un punto de referencia para los peregrinos que hacían el Camino de Santiago. A pocos kilómetros de allí, están las tierras donde se produce el Chablis , orgullo del tabernero que lo había hecho notar con todas las letras, mientras nos acercaba una botella de aquel brebaje acompañada de una tabla de quesos .

Facciamo la vita del Signore !

-Si se puede….Generalmente vengo en bicicleta para descontar calorías; los almuerzos por aquí pueden ser Pantagruélicos, pero el clímax se logra cuando traen los profiteroles.

-En honor a la verdad, ponerse a discurrir sobre las posibilidades del interferón gamma en este escenario, tiene hasta una suerte de plusvalía.

-Cuanto menos es mejor que el box del laboratorio. Y si la buena estrella nos asiste, en una de esas para la próxima podríamos soñar con al acompañamiento de una orquesta de cámara, en honor al desarrollo de la molécula. Vos, rogale a Jesucristo que yo haré lo propio con Yahvé.

El interferón era algo así como un hijo adoptivo, y los desvelos por el “crío” habían arrancado varias décadas atrás. Sus logros estaban reflejados en más de cien trabajos en revistas científicas de circulación primaria. Un combate librado por una dupla matrimonial indisoluble, a punto tal que en el mundo científico se los conocía como “Los Falcoff”. Historia de codo a codo, sin segundos planos. Difícil arriesgar una disimilitud desde lo científico, quizás el don parecía un poco más histriónico que la doña, pero la base empírica para esta afirmación era bastante endeble. Cierto es que se abocaron a esta citocina cuando no muchos lo hacían, la vieron crecer y, un bien día, advirtieron que de sus troncos brotaban “ramas impensadas”, corriendo así esa frontera de conocimiento que la comunidad científica recibió tan asombrada como complacida. Años de empeño, del duro y tedioso trabajo de todos los días, hasta que por fin el producto recombinante y, con él, una plétora de posibilidades no sólo para la comprensión de procesos fisiopatogénicos, sino también estrategias terapéuticas. Aquella proteína, que para principios de los 60´abría sus ojos al mundo de la biología, había llegado a su adultez, y el dueto tenía un claro protagonismo en esa exitosa trayectoria. A partir de los primeros estudios, el relato fue haciendo un racconto por todos los pasos experimentales de aquel recorrido: cultivos, geles, bioterios, sondas, bacterias transfectadas, purificaciones, el producto para ser utilizado y, finalmente, los pacientes con sus males a cuestas. El trial , los beneficios terapéuticos, el paper , y las nuevas preguntas surgidas de los resultados.

-Cuando comprobamos que el interferón era efectivo en la leishmaniasis visceral, sentimos que habíamos cerrado una buena parte de la historia del problema. Estos pacientes producen muy poco de ese mediador y, obviamente, sus macrófagos se vuelven mucho más efectivos para destruir el parásito al administrárseles la terapia sustitutiva.

-Deben haber sentido hasta una especie de satisfacción.

-¡Qué te parece!

-Y por otro lado los resultados se conciliaban a pleno con la teoría.

-Así es, pero la cuestión se puso más vidriosa al constatar que los enfermos con la forma mucocutánea, también, evolucionan favorablemente tras un tratamiento similar. Estos individuos no son deficitarios en la síntesis de interferón ¿ Alors ?

-Ciencia en estado nativo, maestro, resuelve algunos enredos, pero a la vez problematiza lo que de por sí ya venía complicado.

-Las veces que nos tocó barajar y dar de nuevo.

-Es que no queda otra, pero al mezclar nuevamente contamos con más cartas.

-Para mí, es lo más interesante del juego. ¿Te ha ocurrido, alguna vez, que te levantás con el mismo dilema con que te fuiste a dormir, le das vueltas y vueltas, días enteros rumiando….?

-¡Atrapado en el experimento!

-Lindo título para una película.

-La nuestra sobre todo, Grand Maître .

-Hasta que un buen día, EUREKA, y todo se vuelve tan claro.

-Sólo por un tiempo, monsieur . Tarde o temprano aparecerá una inconsistencia.

-Y siga el baile.

--Ciertamente. En definitiva, se trata de los vaivenes propios del conocimiento científico, que cualquier artesano debe tener conciencia si desea pertenecer a la cofradía. ¡Los dolores de cabeza que uno podría ahorrarse!

-Ya lo creo. Pero, esa misma criticidad crispa los nervios de unos cuantos intolerantes. De esos dogmáticos que en Rosario no faltaban. Para colmo, mis virus eran todos rojos.

-¿Qué riesgo implicaba eso?

-Al principio lo vivimos como una especie de discriminación. Con el transcurrir del tiempo resultó evidente que los “muchachos” podían llegar mucho más lejos.

-¿Cuánto?

-Pintadas con amenazas, dificultades para trabajar, amigos detenidos y uno de ellos que pasó a mejor vida.

-Digamos que la situación se iba tornando asfixiante.

-A punto tal que empezás a pensar en el raje. Y podría decirte que nuestra partida fue muy oportuna; el proyecto que parió la noche de los bastones largos ya se estaba gestando. Los hechos se van concatenando hasta que arribás a una situación donde la única salida es hacer las maletas.

Nicolás Guillén, que supo del exilio, hablaba de “mi piel prohibida”, en uno de sus poemas. Igualmente calzan bien aquellas palabras de Alessandro Manzoni en su novela I promessi sposi ante la huida de Renzo: ¡ Quanto è tristo il passo di chi, cresciuto travoi, se neallontana ! De buenas a primeras, la inmersión en una cultura diferente, con una idiosincrasia a todas luces ajena, y la imperiosa necesidad de hallar los recursos mentales que posibiliten alguna forma de adaptación, porque la alternativa del regreso es irreal. No valdrá la pena pensar que los “custodios del ser nacional” finalmente lo consiguieron. Esos sub-normales nunca entendieron que, a la par de las desdichas personales, sus exitosos operativos de exclusión implicaban una derrota para el país. Mucho mejor imaginar que, de tanto en tanto, arribarían cartas con noticias de los amigos del otro lado del charco. Por suerte, Francia era receptiva, y eso reconfortaba.

-A pesar de lo duro de aquel momento, los franceses nos hicieron sentir que teníamos un lugar en la sociedad. Hacer ciencia engrandece a las naciones, y el país Galo lo suscribía totalmente.

-Es parte de la historia de este pueblo.

-Al principio de nuestra incorporación al sistema científico, tuvimos una reunión con un director de Recherches y, ante unos de sus comentarios, te juro que no sabíamos si largarnos a reír o llorar.

-¿Qué les dijo?

-Francia estaba muy agradecida por lo que veníamos aportando con nuestro trabajo.

-¿El tipo sabía que a ustedes les habían echado los perros?

-No tan así, pero seguramente lo intuía, y habrá querido reconfortarnos. Lo cierto es que las ideas eran bien recibidas, desmenuzadas y, finalmente, te otorgaban los recursos para hacer los experimentos.

-Es todo lo que uno desea.

-Efectivamente. Y ellos lo entendían a la perfección.

-Subir la cuesta no habrá sido tan difícil.

-Digamos que uno iba consolidando la base de sustentación y, un buen día, conseguimos crear la Unite 365 INSERM en el Institut Curie .

-La frutilla del postre.

-Más allá del reconocimiento a la labor, se experimenta una sensación de sosiego. Te han concedido un espacio en el que podrás jugar con bastante movilidad. La administración de Mitterand incluso te facilita un poco más las cosas.

-¡Cartón lleno!

-No del todo. Cuando Alfonsín Presidente visitó Francia, Les ChampsElysees estaban atestados de banderas celestes y blancas. No te imaginás la emoción que experimentamos………...

Lapso de por medio, la conversación cayó de lleno en el otro lugar recurrente, la Argentina. Independientemente del tema en cuestión, casi siempre surgía un motivo que llevaba a retrotraerse a los años pasados, o compararlo con la situación de aquella naciente década del 90´. Es más, alguien desconocedor de los pormenores de la historia, no habría imaginado que sus protagonistas habían dejado el país tantísimos años atrás. El terruño estaba a flor de piel, apenas doblando la esquina.

-Los periódicos dicen que se está desarrollando un recurso que facilitará enormemente las comunicaciones. Al parecer, se podrá enviar un correo sin necesidad de recurrir al servicio postal y, en una de esas, conseguiremos ver las noticias de los periódicos editados por allá.

-¡Adiós al fax!

-Supongo que rápidamente caerá en la obsolescencia. Si esto se llega a dar podremos intercambiar los resultados de los experimentos y discutir los papers de un modo mucho más ágil. ¡Hay tanto por hacer!

-A propósito de éso, en algún momento deberemos charlar sobre el protocolo para trabajar en ratones con enfermedad de Chagas experimental, Grand Maître .

-Por supuesto, en todo caso, durante el viaje de regreso; con la perorata el tiempo pasa volando. Tenemos que llegarnos hasta la casa del pueblo y de allí partimos hacia París.

La travesía por aquel paisaje revivía el encanto de todo lo campestre. Escenas de un territorio diferente, pero familiar; con vecinos que procuraban socializar vía de cualquier trivialidad, o algunos chismeríos como los devaneos entre una farmacéutica y su amante, aficionado a la pintura. Cada aldea era un fiel testimonio del doloroso devenir del pueblo francés; pero el eje central de la conversación pasaba por los proyectos y la forma de llevarlos a cabo. Una especie de obsesión compartida e impregnada del entusiasmo que, generalmente, se da cuando las metas parecen muy próximas a su concreción; independientemente de que algunas llegaran a cristalizarse y otras tantas quedaran en el tintero. Por suerte en aquellos años las utopías gozaban de buena salud, y la imposición del discurso políticamente correcto no tenía tantos seguidores.

El tiempo que indefectiblemente logra su acometido fue aproximando la fecha de la partida. De regreso en Rosario, intentaría recabar más datos sobre el paso de Ernesto por Medicina, allá por los 60. Los protagonistas eran otros, pero bien podría toparse con algún memorioso, pródigo en anécdotas variopintas. De alguna manera debía darse un espacio para que esta historia, y otras tantas que seguramente las habrá, pudieran ejemplificar en torno a las lamentables consecuencias del sectarismo y, en esa reflexión, no perder de vista que la investigación seguía siendo una asignatura pendiente. Decidirse a abordarla en serio, haría posible que se fuera dejando de lado esa otra penosa opción del “hagamos como”.

En su alistamiento para la partida, el 747 dejaba oír la Yumba de Don Osvaldo. Tango duro y abofeteador como el frío húmedo de aquellas latitudes, de geografías donde la melancolía es moneda corriente; de una patria que aunque duela no se la puede dejar de querer;…..del metejón con la mina esquiva.

Durante un momento de la noche, ese avión a oscuras se le figuró un túnel por el que uno transita procurando ver un fondo luminoso. Remedo quizás de otra galería más profunda, con algunos vericuetos bastante lúgubres, donde Argentina seguía ocultando sus vergüenzas.

1 Albert Einstein, Tributo a Max Planck

2 Los doctores Ernesto y Rebeca Falcoff emigraron en la década del 60 a Francia (una ida forzada). Él trabajaba en la Facultad de Medicina, y ella en Bioquímica; en realidad, creo que por esos años que dependíamos de la UNL, todo se englobaba en la Facultad de Ciencias Médicas. En Francia, llegaron a ser investigadores de clase excepcional en el INSERM ( Institut Nationale de la Sante et Recherche Medicale) . El laboratorio donde trabajaron (en el instituto Curie de París) hizo aportes esenciales para la caracterización y posterior utilización del interferón gamma.

3 Cuán triste es el paso de quien crecido entre ustedes se aleja

 

 

 

 

 

 

 


 

 
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(*) Oscar Bottasso es Investigador Principal Consejo de Investigaciones de la UNR, Investigador Principal de CONICET (Carrera del Inv. Clínico), Profesor Asociado del Área Instrumental Metodología de la Investigación Científica de la Carrera de Medicina y Director del Instituto de Inmunología Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Rosario.





 
 

 

 

   
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