Recuerdo

 
 
Carta abierta a René Favaloro

Por Daniel Flichtentrei. (*)

 
 

 
 

Me pareció más que oportuno volver a publicar, a recordar, esta “carta abierta” a un grande que Daniel Flichtentrei escribió, sin dudas, llevado por la emoción y el dolor.; algunos la recordarán, otros ni siquiera la hayan leído. Vale la pena tenerla presente por un reconocimiento que nunca llegó.. Si mal no recuerdo, fue en julio del año 2000. Pronto habrán pasado dieciséis años desde su desaparición física. Ningún argentino debería olvidarlo.

Amalia Pati

Un día como hoy, hace doce años, escribí y distribuí, entre mis amigos, una carta abierta a René Favaloro. Alguien la leyó y la hizo circular como una carta anónima. Me gusta que así haya sido. Ahora está en Youtube y alguna gente me la envía sin saber que yo la escribí. Cada año vuelvo a encontrarla en radios, diarios, actos. Hoy siento mucha pena de no haberme equivocado en lo que entonces temía.

Perdónenos doctor , por nuestra indiferencia, por nuestra superficialidad y nuestro silencio.

Perdónenos doctor , por acostumbrarnos a convivir con la mediocridad y la corrupción.

Perdónenos doctor , por nuestra resignación y nuestra cobardía, por haber enterrado nuestros sueños y resucitado nuestras miserias.

Perdónenos doctor , por haberlo abandonado en el cielo de los grandes, solo y desamparado.

Perdónenos doctor , por rendirnos a la inmediatez y a la trivialidad, por haber entregado a los mediocres, a los ladrones y a los mercaderes el ejercicio de una profesión cuya dignidad ya nadie recuerda, ya nadie reclama, ya nadie precisa.

Perdónenos doctor , por mirar por TV el llanto hipócrita de los mismos que le pusieron la pistola en el pecho y reprimir el asco y el dolor, mientras nos acomodamos en el sillón y su muerte es otro espectáculo, otra mercancía, otra obscenidad.

Perdónenos doctor , porque este Domingo por la mañana, cuando enfrentamos la mirada de nuestros hijos, no supimos, no quisimos, no pudimos encontrar una explicación razonable.

Perdónenos doctor , porque mientras callamos, se premia a los imbéciles y se castiga a los estudiosos y a los trabajadores, por permitir que la estupidez ingrese en nuestros hogares, nos degrade el cerebro y nos encallezca el corazón.

¡Qué puntería la suya doctor¡   si apuntó al centro de la infamia y la degradación : ¡blanco perfecto!.

Qué puntería la suya doctor ; si apuntó al ojo de la tormenta final que nos disgregará en un triste polvo miserable, sin lazos ni solidaridades, sin valores ni utopías:  ¡blanco perfecto! .

Qué puntería la suya doctor;   si apuntó a la clave de la agonía y la disolución, a la cifra del triunfo de los peores, a la derrota de los impotentes:  ¡blanco perfecto!

Afuera hace un frío que hiere y una niebla viscosa cubre la ciudad. Aquí, adentro, la sangre se nos congela y el alma se nos coagula.

Hace un rato, alguien dijo que lo suyo fue un acto de desesperación extrema.

¿Y si fuese un acto de lucidez extrema?

Hace un instante pensamos:  “algo hay que hacer:”

Pero,  ¿Y si fuese tarde, y si fuese inútil, y si ya no tuviera sentido?.

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 
 
 

(*) Daniel Flichtentrei es médico cardiólogo, Jefe de contenidos médicos de IntraMed.net y miembro estable del Consejo Editorial de este suplemento. Correspondencia a: aflichten@intramed.net





 
 

 

 

   
  Versión web 2.0
Medicina & Cultura es un suplemento de Clínica-UNR.org
© 2007 - 2011 Todos los derechos reservados